Diario de a bordo: Los Cantajuegos

Estimado Capitán:

Los lechones han cumplido ya once meses. ¡Once meses! Y parece que fue ayer cuando descubrimos que eramos incapaces de tener hijos como todo el mundo: de uno en uno. Las principales novedades de esta etapa residen en que son capaces de ponerse de pie agarrándose a cualquier cosa (la cama, la pata de las tronas, los testículos de papá) todo les vale para hacer palanca y erguirse. Creo que antes de que acabe el año estarán andando, fase que por otra parte espero con porcentajes identicos de miedo e ilusión.

Sus personalidades son cada vez más diferentes, pero cambiantes. Tomás es más tranquilo y observador mientra que Antón Jr. parece más nervioso y risueño. Este fin de semana decidimos quedarnos en casa para descansar y conocernos mejor. Pues estoy hecho polvo. No paran. Antón Jr. se me tira encima haciendo la croqueta y me da con su pequeña cabezita, una vez más, en mis testículos, pero no me importa porque llevo torta. Disculpe Capitán, ya sé que la frase no tiene sentido, pero es que son coplillas que se le van quedando a uno ya que su madre (que es un rumbera, vamos a bailar ) les ha descubierto Los Cantajuegos.  Y yo que soy rockero de corazón me he mostrado en contra desde el principio, pero es cierto que hay un cierto brillo en los ojos de mis hijos cuando Los Cantajuegos (que hacen el mismo efecto en los niños que The Beatles en las chavalas de los años 60) hacen acto de presencia vía You Tube.

Menudos exitazos.

Para que me entienda Capitán: son canciones tocadas con un PT1 (alguna está más currada y puede que sea un PT10) y a ellos les encanta y a nosotros también porque todo el mundo está feliz (muy feliz) y no deja de bailar…vaya perdón, se me ha ido otra vez.

Tienen la del “Chindolelé”, que yo entendía al principio “Chingobebé” y no entendía si era una canción apropiada, pero como su madre bailaba con ellos ajena al peligro pues  yo no decía nada.

Está también  la del cocodrilo, el orangután, dos pequeñas serpientes, un aguila real y por supuesto los dos icos.

Precisamente esta canción da pie a uno de esos momentos íntimos de pareja que uno solo se atreve a confesar en la oscuridad protectora de la alcoba cuando los niños están ya durmiendo y nadie escucha.

—Oye cari.

—Estoy durmiendo, déjame

—¿Qué es un ico?

—¿Cómo “un ico”?

—Ya sabes, como en la canción: tan solo no se ve a los dos “icos”

—¿No decía “micos”?

—Yo creo que dice “icos”

—Pues no sé…¿un unicornio?

—Sí debe ser eso. Buenas noches cari.

 

 

 

 

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—Cari…

—Yo creo que no es un unicornio.

—Pues yo estaba pensando que igual dice “pico”.

—¿Estás loca? ¿Qué coño va a decir “Pico”?

—A ver que la pongo.

Y ahí estabamos a las 3:30 de la mañana. Como dos gilipollas. Intentando averiguar que es un “Ico”. Y no hubo manera. Si algún amable cantajuego lee esta misiva pues que se sienta libre de hacernos partícipes de este misterio.

En otra hablan de que son una taza, o una tetera, un cucharón y en definitiva toda la vajilla. Mi mujer dice que es para coordinar y trabajar la memoria. Y yo la creo. 

Ellos se divierten con Los Cantajuegos, pero meriendan con Rubber Soul de The Beatles y The Razor Edge de AC/DC y también flipan. Así que espero que sean unos chavales abiertos a cualquier tipo de música Capitán, al fin y al cabo todo es cultura incluso Jesulín y Tamara. Hay que escuchar de todo.

En mi época eran Enrique y Ana (dúo sospechoso a todas luces se mire por dónde se mire) y Parchís. Siempre quise la ficha roja hasta que vi a Tino en una entrevista hace poco y se me cayó un mito. Había muchos más Regaliz, Botones, Teresa Rabal, Barricada y muchos más.

Bueno Capitán, me despido que de verdad que estoy hecho un desastre, al borde del infarto, pero feliz como un ico.

¿A que jode?

Despido el  informe con una foto que tiene la virtud de que no se puede escuchar. En este momento les estaba deleitando con una pieza llamada “Sperman is your sugardaddy” con marcada influencia soul.

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PD: Capitán, recuerde poner las manos hacia arriba, las manos hacia abajo, como los gorilas.

Diario de a bordo: En las trincheras

Estimado Capitán:

Hace tiempo que no hablamos y le debo una disculpa, pero es que en apenas un mes y medio los lechones han espabilado día a día de manera exponencial. Dicen los que saben (o sea todo el mundo menos nosotros) que debe ser el calor. Pues será. He buscado por la casa a ver si los antiguos inquilinos se dejaron un tripi o algo porque lo que le voy a narrar a continuación no es normal.

Hace unos días, eran las cinco y media de la mañana (en la Península) cuando nos despertaron sus ruidos y gritos que ya forman parte de la sintonía habitual de nuestro hogar. Miré el reloj sin muchas ganas para cerciorarme de la hora con la vana esperanza de que todo fuese un sueño, pero no. Y una mierda. Era real. Ella me dijo: “Te toca”. Así que yo me hice el dormido fingiendo que roncaba, lo cual me debió delatar porque yo si estoy sobrio no ronco. Y ella lo sabe. Total: Que una vez que mi intento por escurrir el bulto fracasó estrepitosamente me armé de valor y entré en la habitación de los pequeños Critters para descubrir una imagen que se me quedará grabada para siempre.

La primera palabra que se me vino a la mente fue “Trincheras”.

Ahí estaban ellos, felices, atrincherados en sus cunas/barricadas, de pie, agarrados fuertemente a los barrotes y emitiendo un sonoro y reivindicativo “Ohhh ohhhh”. Todo un 15M en versión bebé.

Como dice un amigo mío: “Has pasado de pantalla”. Si eso es una metáfora para informarme de que cada día la cosa se complica un poco más pues es una metáfora muy precisa.

Cosas que han cambiado en las últimas semanas:

—Dicen Mamá.

Falso. Su madre quiere escuchar “mamá”, pero es una ilusión acústica. Ellos dicen “ma” y después deslabazado y fuera de tiempo otro “ma”. Sí, es cierto. Esa dos sílabas juntas quieren decir mamá, pero de momento no lo dicen. De momento son solo dos sílabas huérfanas. Si se trata de juntar sílabas también dicen magdalena. Otras sílabas de moda son da-da-da, que significa “padre” en inglés. Y esto es un hecho no como las alucinaciones de la madre.

—Se ponen de pie. 

Escalan y logran ponerse de pie, apoyándose sí , pero de pie. Se ponen a cuatro patas (me recuerdan a Rocky intentando levantarse) y trepan por los barrotes de la cuna hasta erguirse. Nada les frena y conquistan la cumbre de su cuna cada vez con más facilidad. Son como Calleja.

—Andan a gatas…hacia atrás.

Si yo fuese el “encargado” de defensa de un país potente haría un estudio serio sobre cómo se mueven los bebés. Son como orugas con tracción a las cuatro ruedas. Pueden con toda, van hacia adelante, hacia atrás, se recomponen como Transformers, dan la vuelta sobre sí mismos como pequeños breakdancers ochenteros. Digno de estudio. El otro día intenté gatear para atrás y casi me cargo un jarrón.

— Adictos al bricolaje

O al menos todo apunta a eso. Cables, enchufes, cajones…o eso o están pensado en montar un chino. Mira que no tendrán juguetes, pues no…vamos a por el mando, a por las llaves, a por el radiador.

—Dientes:

Lo que les da un aspecto aún más adorable. Unos pequeños dientecillos, inofensivos e incipientes que hacen que se caiga la baba cada vez que nos los enseñan.  Tenemos en casa dos pequeños “cuñaos”.

Y así sigue la cosa, creciendo, sorprendiéndonos y pensando en la que se nos viene encima en cuanto den sus primeros pasos solitos.

Seguiremos informando Capitán.

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El club de los cuarentones

Acabo de cumplir cuarenta años y la gente me da la bienvenida al Club. Al Club con mayúsculas.  Ni siquiera sabía que había un club así que he salido a la calle a buscarlo, pero de momento nada. No lo encuentro.

¡Bienvenido al club! me dicen en Facebook ese montón de chavalada que (no sé cómo) se ha acordado de que un 19 de julio de 1976 vine al mundo.

Les digo que muchas gracias, pero cuándo les pregunto por la ubicación del club…mutismo absoluto. Quizás como soy un poco raro no me quieran en él. Pregunto a la gente por la calle, pero los jóvenes no saben de qué les hablo.

—Perdona, chaval ¿Sabes dónde está El Club de Los Cuarentones?

—Ni idea señor.

—Señor lo será tu puta madre. Y te lo digo desde el respeto hípster de mierda.

Los señores mayores no recuerdan bien dónde está. Algo les suena, pero lo han dejado atrás hace tanto tiempo que bueno…su memoria ya no es lo que era.

—Disculpe señor…

—Dime chaval.

—¿Recuerda usted las señas de El Club de Los Cuarentones?

El hombre se queda pensativo como el borracho que se levanta al día siguiente sin saber bien qué ha hecho o cómo ha llegado a casa.

—Pues si no recuerdo mal hijo creo que estaba…—se rasca la cabeza—pues no sé. Me has pillado. Hace mucho tiempo que no me dejo caer por ahí.

—Bueno, no pasa nada. Seguiré buscando.

Al final y después de recorrer la ciudad tres veces lo encuentro. Un buen amigo de la infancia me sopla dónde está. La verdad es que El Club de los Cuarentones está bien a la vista, pero no me había dado cuenta que estaba precisamente ahí. Y eso que en los últimos años he pasado cientos de veces por delante. Nunca me había fijado en él. Es un edificio grande, elegante, quizás un poco pasado de moda, pero de momento aguanta con estilo.

El conserje, un tipo pequeño, calvo y barrigudo, me informa de que para acceder a El Club hace falta una contraseña. Le digo que no la tengo y él me responde que sin ella no me puede permitir la entrada. Un club de cuarentones que pide “contraseña” no puede estar formado por gente muy madura.

—Yo creía que para acceder a El Club el único requisito era haber cumplido los cuarenta años.

—Bueno amigo, ese es el requisito indispensable, pero no el único. Si nadie de su entorno le ha soplado la contraseña, puede que sea usted un bicho raro. Y aquí no queremos bichos raros, queremos gente con una crisis de lso cuarenta habitual, de las de toda la vida. Podría darle yo mismo la contraseña, pero primero tengo que hacerle un pequeño test para ver si está usted cualificado física y mentalmente para permanecer a nuestra pequeña familia.

—Venga dispare.

—Empecemos por el test físico.

—Me parece bien Don…

—Puede llamarme Pin Pon.

—Muy bien Don Pin Pon, proceda.

—¿Fuma usted?

—Solo cuando salgo.

—¿Sale usted?

—Solo cuando fumo.

— ¿Hace cuánto tiene esa barriga?

—Unos tres años, certificada oficialmente como barriga dos años y poco. Pero a Dios pongo por testigo que desaparecerá.

—Eso dicen todos.

—¿Todos los de El Club tienen barriga?

—Cada vez menos, hay mucho cuarentañero que se cuida y sale a correr. Una vergüenza. ¿Podemos seguir?

—Sí, perdón, era curiosidad.

—A pesar de tener esa barriga,  ¿Sigue usted poniéndose camisetas ajustadas pensando que nadie se da cuenta?

—Es correcto.

—¿Bebe?

—Si tengo sed sí.

—Me refiero a alcohol.

—Solo cuando salgo.

—¿Y sale mucho?

—Solo si fumo, pero cada vez menos. Me stoy volviendo un asceta.

—¿Y eso?

—He tenido dos hijos. A la vez.

—¿A qué edad?

—No tienen edad son muy pequeños.

—Me refiero a que a qué edad los ha tenido usted.

—Los ha tenido mi mujer.

—Ya me entiende…

—Los tuve a los 39.

Pin Pon me dedica una mirada de admiración (que podría ser de compasión)  mientras asiente en silencio.

—¿Hace usted deporte?

—No. Pero pienso mucho en ello. Durante el día me imagino al menos cuatro veces corriendo, dos nadando y me hago un par de series mentales de pecho y espalda.

—Eso no cuenta.

—Ya, pero cansa.

—¿Cuida su dieta?

—A partir del lunes que viene casi seguro.

—Pasemos al test mental.

—Proceda.

—¿Piensa en la muerte más de lo habitual?

—Claro. Tengo cuarenta. Con suerte he pasado el ecuador de mi vida. Eso da que pensar.

—¿Siente la irrefrenable necesidad de comprarse un coche nuevo, un deportivo a poder ser, para paliar esa incipiente falta de vitalidad?

—Pues no.

—¿Ha pensado en cambiar a su novia por dos de veinte años?

—A lo mejor me cambia ella a mí.

—¿Hace usted un balance mental de las cosas que ha conseguido y de los objetivos no alcanzados y se tira de los pelos? ¿Piensa que ha desaprovechado el tiempo?

—A veces sí y a veces no, pero todo lo que decidimos nos lleva a este punto en el que estamos ahora usted y yo, aquí charlando en un amigable tercer grado digno de una cinta titulada “Los mejores momentos de Guantánamo Volumen I.”. Depende del día.

—Y para terminar y certificar que efectivamente es usted un cuarentón vamos con el test de actualidad contrarreloj

—¿Test de actualidad?

—De los ochenta.

—Proceda.

—¡Tiempo! Apellido de Michael en El coche fantástico.

—Knight. Con K.

— Completa la serie: Autopista hacia el…

—Cielo

—Nombre al menos tres Goonies

—Bocazas, Data y Gordi

—En fin de año de 1987 a Sabrina se le salió una teta. ¿La derecha o la izquierda?

—La izquierda.

—¡Noooo! La derecha.

— Completa la frase: Si me queréis…

—Irse.

—¡Tiempo!Bien. Muy bien. Lo has conseguido. Pena que no hicieses pleno.

—Es que a Sabrina se le movían muy rápido.

—Bueno aquí tienes tu carnet de Cuarentón Oficial, puedes pasarte cuando te apetezca. Si quieres echar un vistazo a las instalaciones te acompaño. El Club es en la cuarta planta. Tenemos gimnasio, VHS, sauna y hacemos botellones una vez cada tres meses en los que hablamos de chavalas, de política y de fútbol.

—Pero eso es lo mismo que hacía a los 20.

—Acostúmbrate hombre, es lo que hay.

—Mire, lo he pensado mejor. No quiero pertenecer a este club.

—Disculpe amigo, tiene usted cuarenta años. Tiene que pertenecer a algún club. No puede andar desubicado por ahí como un veinteañero.

—No soy un veinteañero Señor Pin, pero tampoco me siento identificado con este club. Voy a hacer lo que he hecho siempre: Ir a mi bola. Quizás me pase por aquí de vez en cuando, pero no me esperen.

—Está bien, aquí no obligamos a nadie.

Salgo del edificio y enseguida olvido dónde estaba. Si me preguntan no sabría ubicarlo. Me pierdo por la calle, a buscar proyectos, a vivir y a soñar como con veinte, a pelear de nuevo por lo que valga la pena y a esperar la crisis de los cuarenta como un torero en el ruedo.

Hoy me tomaré cuarenta cañas para celebrar que de momento hasta aquí hemos llegado.

Os espero.

 

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Por cierto, la contraseña es: Sambora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: El despertar del mal

Estimado Capitán:

Creo que hemos superado la primera fase de la paternidad. Usando jerga de vídeojuegos diría que hemos pasado de pantalla y esta, añorado amigo, es mucho más compleja. Digamos que los niños han “despertado”. En el último mes hemos notado lo siguiente.

1) Interactúan entre ellos

Se reconocen, se sonríen como políticos buscando un pacto y se demuestran su afecto en una extraña coreografía que consiste en que uno deja caer su cara contra el cojín y el otro le intenta comer la cabeza pelona. Después intercambian los papeles y así se divierten. También se dan golpes cariñosos y creativos que alucinarían al mismísimo Bud Spencer que Dios tenga (tranquilito y sin muchas emociones) en su gloria.

2) Hacen “el mal”

Dejemos una cosa clara. Los bebés son bebés y no distinguen el bien del mal, pero para nosotros, los mayores, que nos encanta ponerle etiquetas a las cosas para no liarnos la cosa cambia. Al bebé le “llama”  hacer el mal y buscar situaciones que le pongan en peligro. Además a esto hay que sumarle otro factor: Un padre primerizo es un ente creativa de por sí y en muchas ocasiones imagina peligros que ni siquiera existen. Estas dos situaciones unidas dan para mucho.

Desde mi punto de vista mis hijos son como los guionistas de SAW. Siempre inventan formas nuevas de ponernos nerviosos. Si los dejas en una habitación vacía buscarán la manera de ponerse en peligro de alguna manera creativa e insospechada.

Además de repente han aprendido a moverse mediante esa técnica híbrida entre el arrastre y el gateo. En realidad lo que hacen es reptar con cierta agilidad y en menos de un segundo son capaces de desplazarse de esta manera a una velocidad insospechada.

Tienen toda una manta gigante, pero acaban con medio cuerpo debajo de la cama. Y yo pienso. ¿Y si ahora se cae la cama y le parte en dos? Y lo aparto de ahí por si acaso. Cosas de tarao.

Tienen fijación con los cajones. Puede que un futuro sean ebanistas o carpinteros.Tienen dos mil juguetes y peluches para jugar, pero ellos son felices comiendo toallitas. 

También me he dado cuenta que la distancia que cubren los bebés entre que vas a la cocina y vuelves se mide en “metros radiales” ya que se mueven como aquellos jóvenes breakdancers de los ochenta que se ponían a girar como un helicóptero con las manos apoyadas el suelo. Pues estos igual. Tengo la sensación de que un día los voy a dejar en el suelo con sus juguetes, me voy a ir a la cocina y al llegar me los voy a encontrar allí sonriendo maléficamente. 

Los bebés son mágicos sí. Como David Copperfield.

3) El maravilloso mundo “Causa- Efecto”

Bebé está en la trona. Bebé tiene juguete en mano.Bebé mira juguete.  Bebé lanza juguete al suelo. Juguete hace ruido. Bebé flipa y analiza. Papá o Mamá recoge juguete y se lo vuelve a dar. Bebé mira . Bebé lanza. Juguete hace ruido. Bebé analiza. Papá o Mamá recoge juguete. Papá Mamá se lo vuelve a dar. Mira. Lanza.Flipa. Papá/Mamá recoge. Se lo vuelve a dar lo que nos sumerge en un bucle que puede durar perfectamente y sin forzar la situación de 18:00 a 19:15.

Conclusión:

Tanto hijos como padres tenemos un cantidad importante en el ADN de Homer Simspon.

He visto en un documental que así es como aprenden.

Es que si no aprende así…

4) A todo volumen

Lo de los sonidos va a más, pero lo más molesto es el volumen. Supongamos que un bebé es una minicadena (una Sanyo del montón). Bien, hasta ahora su volumen no pasaba del 4 o 5. En este últimos mes y medio la minicadena ha sufrido una mejora considerable (ahora es una Pioneer con Dolby Surround) y ya pueden subir el volumen hasta un molesto 9, 9,5. Curiosamente cuando más gritan es cuando uno habla por teléfono tanto es así que para entender algo en una conversación tengo que hacer el típico gesto de taparme un oído con un dedo  y poner tal mueca de concentración para descifrar lo que me cuentan que no sé si voy a responder a mi interlocutor o si le voy a cantar “We are the world”.

Hay muchos más cambios Capitán, se producen cada día. Están más despiertos, más ruidosos, más activos y eso es lo que nos agota y nos hace felices.

 

Un saludo y seguiremos informando.

 

PD.

Capitán el otro día estuve con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Así que nos pusimos al día en apenas treinta segundos en una de esas conversaciones directas que solo tiene la gente que se conoce bien.

—¿Qué tal va todo?

—Bien, no me quejo.

—¿Qué tal el trabajo?

—Como siempre ¿Y tú?

—Bien. Ahora soy autónomo.

—¿Y los niños?

—De momento no. En ninguno de los sentidos.

 

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Una buena hostia de Bud

Hoy es un día triste para los que como yo vivimos nuestra infancia en este precioso, pequeño e ilógico planeta Tierra a mediados de los ochenta. Dicen que educar en la violencia no es bueno, que los dibujos de hoy en día son un collage de gritos, peleas, persecuciones y tiros. Estoy de acuerdo, seguro que es así, pero hay una violencia con la que me crié de pequeño, una violencia más humorística, familiar y entrañable.

Hay muchos sueños de infancia no cumplidos para los de mi generación.

Conocer a Stallone, montar en el DeLorean y viajar en el tiempo, tocarle un pecho a Sabrina o incluso los dos si hubiese tiempo y capacidad palmaria (palmaria de palma de la mano) y, como no, que Bud Spencer te diese una buena hostia.

Una hostia rica, impertérrita, caliente y sorpresiva; original e hilarante.

bud_spencer_03_97556.jpgEstoy seguro que algunos de esos sueños no los voy a cumplir y otros sí los he conseguido (besos Sabri), pero Bud se nos ha ido para siempre.

Lejos quedan aquellas tarde de cine en las que mi padre me llevaba a ver sus películas “Y si no nos enfadamos”, “Par Impar”, “Banana Joe”…y yo disfrutaba como un enano (que al fin y al cabo es lo que era) del catálogo de sopapos, guantazos, mamporros, reveses, galletas y soplamocos que soltaban Bud y Terence. Ellos sacaban aquella risa inocente, sincera y lejana de todos y cada uno de los esperábamos que empezase la fiesta de golpes de turno. El resto, es decir, los diálogos, era mero relleno entre peleas. Como cuando hablan en una porno que le das para adelante. Supongo que lo que más nos gustaba era que parecían invencibles. Nada podía con ellos y eso, para un chaval de seis o siete años que se identificaba con aquellos extraños heroes, significaba que nosotros también lo eramos. Bud y Terence, Terence y Bud. Muchas risas, muchos golpes.

Bud y Terence eran auténticos, indivisibles…e italianos. No podían ser perfectos.

Yo de pequeño pensaba que eran americanos, claro, con esos nombres, pero no. Resulta que eran italianos, pero hoy no quiero hablar de Italia. Podría hablar como mucho de Sabrina, pero como excepción a la regla.

Cuando leo que Bud ha muerto, aunque yo creo que en realidad se está haciendo el dormido y en cualquier momento le va a soltar un mamporro al cura, uno de esos golpes con el puño cerrado y hacia abajo, me entristezco un poco…¡Allá va mi infancia! ¡Hasta otra Bud!

Nos queda tu legado y con mis hijos prometo ver “Y si no nos enfadamos” mientras estén en esa edad en la que lo único que hace falta para reírse son un buen par de hostias bien dadas.

Yo sigo en ella.

¡Ciao Bambino!

PD: Si tuviese una máquina del tiempo viajaría a 1980 me traería a Bud y a Terence y los soltaría en el Congreso de los Diputados. A ver qué pasaba.

Los del Cielo cuidado, no me lo cabreéis que os monta un Cristo pero de verdad en cero coma.

Saludos.

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: Juego de Tronas

Estimado Capitán:

Sé que últimamente no he podido escribir los informes con la misma asiduidad de siempre, pero es que estoy tramando algo que me consume todo el tiempo y energía, pero de eso le hablaré en breve.

 

Los lechones crecen muy deprisa y sus piernas se han convertido en unos carnosos muslos de pollo que mujeres de toda edad y condición quieren saborear. Se les ve en la cara.

También tengo que comunicarle que el otro día tres personas creímos ver un diente en la encía superior de uno de los lechones. Este avistamiento resultó ser falso (a saber) y aunque la visión duró solo un par de minutos nos vimos obligados a rellamar a amigos, conocidos y a algún que otro desconocido íntimo para desmentir tal espejismo. Es increíble la cantidad de números de teléfono que un padre ansioso puede marcar en 67 segundos que fue lo que duró el encuentro con el falso diente.
Hasta llamé a Vodafone.
—iA mi hijo le ha salido un diente!
—Y a mí que me importa señor.
—¿Ve usted? ¿A qué jode?

Le juro que ahí estaba el diente. Incipiente, blanco, en el lugar perfecto. Pero en realiad no había nada. Se esfumó en unos segundos. ¿Qué sería? Quizás estemos ante una nueva mutación en la especie humana: la de los incisivos retractiles. Sé que este capítulo pasará a ese sitio tan sucio (los anales) como nuestro Roswell particular.

En el futuro habrá documentales sobre el tema. “Expediente Piño”

Las alucinanciones acústicas también están a la orden del día. Cuando no era padre y veía a mis amigos desencajados al escuchar las primeras palabras de sus vástagos no daba crédito. Aquello se me antojaba un poquito exagerado.

—¿¡Ha dicho papá!? ¡Ha dicho papá!

Hombre, no va a decir “Bitelchús”. Papá no es para tanto, Papá entra dentro de lo previsible. Lo raro es que dijese “testículo” o “Ramadán”.

Pero ahora les entiendo a la perfección. Verá Capitán, el otro día Antón Jr. dijo Papá, pero en realidad no lo dijo. Dijo primero pa…y unos segundos después otro pa…pero no quería decir papá, ni siquiera aquello tenía pinta de ser una palabra. Ese fonema era a una palabra lo que el regalo del día del padre es a un regalo de verdad. Pero por un momento me dio subidón. ¡Ha dicho papá!

Ovugirl ni se inmutó.

—¡Que ha dicho papá!

—No, no lo ha hecho.

—¡Que sí!

—Venga pues sí.

—No lo ha dicho ¿no?

—No cariño, no. Para eso aún falta.

Y me fui desdichado a la habitación como un jugador que abandona el campo humillado tras el cambio.

Lo de “papá” lo puedo aceptar, pero el diente lo vi. Y su madre también lo vio. En eso nos hemos puesto de acuerdo. Bueno, en eso y en lo de que los niños se tenían que ir ya a su habitación.

—Cari, los niños deberían ir ya a su habitación.

—No saben andar, dejálos un poco más aqui.

—¿Hasta cuando?

—Hasta la segunda vez que hagan primero de carrera.

—Cari, lo siento, pero no. Se tienen que ir ya, que ya son mayores.

—Claro que se tienen que ir, pero mañana que esta noche ya se ha hecho tarde. Que se vayan el lunes.

—Cari, esto no es como ir al gimnasio. Como cabeza de familia exijo…

Y me cerró la puerta en las narices mientras que desde el otro lado me llegaban las risas de mis hijos y la madre que los parió.

Pero al final se impuso la razón y los niños ya llevan una temporada en su nueva habitación.

Cuando digo temporada no me refiero a temporada en plan “temporada de una serie”, ni siquiera llevamos una de esas como padres. Ahora mismo debemos andar por el capitulo 13 de la primera, pero con buenos índices de audiencia. Espero renovar.

Además su dieta se va ampliando: frutas, verduras, galletitas…y todo eso lo toman ahora sentados en sus tronas. Que para un bebé es como cuando un adolescente se deja un poco de bigote ridículo/pelusilla  para parecer mayor y entrar en una discoteca.

Pues es el mismo principio.

Las tronas les hacen parecer “mayores” pero no lo son. Siguen meneando la cabeza para los lados, se baban y se lo pasan pipa tirando los juguetes al suelo. Desde las tronas todo se ve de otra manera, las tronas dan poder a los hijos y enorgullecen a los padres que ven a esos dos mocos levantando sus rollizas manitos pidiendo que alguien les tome en brazos, pero nosotros no caemos en la tentación de esos ojos grandes que piden “colo”. Al menos en primera instancia, después caemos sin remisión y obedecemos sus deseos, que para eso son los bebés más guapos del mundo. Ojo no es un decir, tenemos un certificado expedido por las dos abuelas, siete vecinas vírgenes, un concejal de festejos, un DJ ruso y un autónomo. Todos coinciden.

Han nacido para ser reyes.

 

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¡Saludos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: El día que salistéis en El País

Capitán, hoy le he escrito una carta a mis hijos con motivo de nuestra aparición estelar en El País. A ver qué le parece.

Queridos y duplicados hijos:

En tan solo siete meses no paráis de darnos alegrías a vuestra madre y a mí.

Las noches no cuentan.

Nos habéis convertido en dos padres enganchados a las redes sociales en las que sois los protagonistas (el blog de papá, el Instagram de mamá, la partida de cartas de la abuela, el Badoo del abuelo) y todo porque nos gusta, y mucho, presumir de vosotros. Así que tenemos que aprovechar ahora que sois pequeños ya que en breve creceréis y renagaréis de vuestros padres como nosotros lo hicimos con los nuestros amén.

Pero de momento, como no os enteráis mucho, pues  a nosotros plim.

En tan solo siete meses de felicidad (insisto en que las noches no cuentan) habéis revolucionado este blog, habéis hecho que mamá se haga un Instagram que lo está petando, habéis sido coprotagonistas junto al abuelo de un trailer y ahora, por si todo eso fuera poco, habéis salido en el periódico más importante de España. 

¿Que qúe es España? Pues, donde os ha tocado nacer. Es un sitio genial en el que la gente habla español que es un idioma relativamente fácil si empiezas de pequeño. De momento no habláis, pero sí que noto que tenéis dominadas las vocales abiertas y la “u”. A veces no sé si vais a decir “papá” o si váis a arrancaros con la canción de Lacasitos. Tranquilos ahora os cuesta y os babáis, pero el español está chupado. Además los españoles somos gente que busca nuevos restos. Por eso cantamos en inglés en Eurovisión, pero ese es otro tema.

Una vez aclarado el tema de España (estos días es más complicado de lo que parece) he de deciros que si salimos en El País no es porque seamos los mejores padres del mundo, para nada. El motivo principal es el tema de haberos fecundado de dos en dos como si no hubiera mañana. Bueno, eso y un boca oreja de nuestra amiga María Cortizo a Victoria Torres sobre este blog. ¡Ay mira qué risa! ¡Pues yo estoy escribiendo un artículo sobre padres de mellizos!  Todo encajaba en el plan maestro. Hubo un click perfecto. Y eso fue como el tío que le puso por primera garbanzos al potaje. El resto es historia. Así que mamá hizo una de las cosas que mejor se le dan: vestirnos para la foto. Os puso guapos y a mi me cambio de ropa. Eso ya es un triunfo. Miramos a cámara, sonreímos y…

 

 

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Mamá con su cara de foto y papá haciendo una cosa que se llama el gilipollas (disciplina que viene cultivando en las fotos y fuera de ellas desde 1976), Vosotros muy guapos, con encantos, dos gordibolas preciosos. Esta foto fue la elegida por un comité de expertos formado por vuestra madre, pero hubo más versiones. Quizás en “El País” de otros universos alternativos hayan salido publicadas estas otras.

 

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Total que estamos muy contentos con el reportaje. Vamos que hay un montón de mellizos en España. Lo único que puedo decir es que yo, en la mayoría de estos embarazos, no tengo nada que ver.

No soy un aspersor.

Tengo sentimientos.

 

 

Quería acalararlo ya que después de este Tweet…

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…parece que esto de los mellizos es cosa mía. Soy un fenómeno sí, pero no es para tanto.

 

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Y ahora quiero que sepáis que vuestra madre y yo hemos estado hablando y queremos que tengáis claro que no importan cuántos hermanos más tengáis 2, 4 u 8 más lo único que sabemos hijos es que siempre serán un número par.

 

Os queremos. Gracias. Sois lo mejor que nos ha podido pasar.

Las noches no cuentan. 

Papá y mamá

Recordad que el contrato de paternidad incluye que salgáis al menos una vez al mes en una publicación de tirada nacional para que nuestras redes crezcan y colmar nuestro ego, en caso contrario no estáis autorizados a entrar en casa hasta nuevo aviso.  El que avisa no es traidor…es precavido.

 

Bueno Capitán, yo creo que me ha quedado bien. Espero que le haya gustado. Le dejo que tengo un lío con el tema del abuelo de miedo, esta semana le cuento.

Saludos desde La Tierra.

Aquí el enlace:

España, el reino de los mellizos

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