Sperman: Say my name

Quedan dos meses (como mucho) para que mi mellizos intenten invadir nuestro planeta. Desembarcaran por el útero de Ovugirl y a partir de ahí a saber qué aventuras nos esperan. Os las iremos contando en riguroso diferido.

Hace unos meses mi novia me preguntaba preocupada : “Cari, ¿podremos tener hijos?

Yo ahora le miró la barriga y le digo: “Cari, ¿podremos tener hijos? ¿De uno en uno, joder?

Que conste que lo entiendo, que cuando subes a comer a su casa hay comida para que un pueblo pequeño de Texas viva un mes sin pasar hambre, o sea…que todo lo hacen a lo grande. ¡Que no falte de nada! ¿Y los hijos? A granel. Como los garbanzos. En fin…

Estoy sumamente preocupado por su salud, ya sabéis: que todo venga bien, que no haya complicaciones y todo eso. Tanto pienso en ella y en los mellizos que me despisto de mis quehaceres diarios. Hoy me llevé los dos juegos de llaves de casa sin darme cuenta y la deje encerrada dentro. Eso lo haces con un perro en un coche y vas al trullo. Imaginaos su sorpresa cuando acicalada y perfumada se disponía a hacer recados premamá y se encuentra encerrada a cal y canto. Es que uno no puede estar en todo.

—¿Y si me pongo de parto?

Pues no lo había pensado.

¿Cómo contrarrestas eso? Pues con madurez, seriedad y saberhacer.

—¿Y si me pongo yo? ¡Lista que eres una lista!

Menos mal que no se puso de parto encerrada en casa…si fuese así entre los tres me canean al llegar.

Así es mi vida. Preocupación extrema.

Pienso en que espero que mis hijos no tengas mis cosas malas que son muchas. Por ejemplo: Mi novia dice que soy hipocondríaco. Yo creo que exagera, pero es cierto que a los 16 años después de ver un documental del VIH pensé que lo tenía fijo.

Y eso que era virgen.

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Otro ejemplo: Me dice que me rallo mucho y que estalló con facilidad.

¿Yo? ¿Qué me rallo mucho yo? ¿En serio? ¿Yo? ¿Por qué lo dices? A ver, di…¿Por qué? ¡No tenéis ni puta idea!

Ya hemos decidido los nombres por mutuo acuerdo. Ella dijo: Antón y Tomás; y yo dije:Vale, amor. Total solo son los nombres de mis hijos, no nos vamos a poner a discutir por nimiedades. Entiendo que no le podamos poner a uno La Antorcha Humana Cruces. En serio, lo entiendo. Es un lío para hacer diminutivos y además ya no se llevan los nombres compuestos, pero a ver…son dos niños. Uno sí se podía llamar Hulk Cruces y aquí no pasa nada. En Thailandia los hay a pares.

Jon y Richie también los descartamos y lo mismo ocurrió con David y Rafa.

En definitiva, poner los nombres no es lo más fácil del mundo, pero creo que ya me molan. El eterno debate (tetas o culos no, el otro) de si llamarle al hijo como al padre es un gran tema de conversación. Todo el mundo tiene su opinión y la expresa libremente. Yo las escucho con detenimiento y automáticamente pienso en un culo enorme que corona el cielo y al que se dirigen todas y cada una de ellas en fila india.

—¡Ay! ¡Es que mira que ponerle al hijo como al padre!

—¡Ay! ¡Es que eso es un rollo después para llamaros!

¿Nos vais a llamar a la vez o qué? ¿Sois como la filipina aquella que emitía dos notas simultáneas? Pues a callar.

Pero bueno, la gente, the people, lo hace con cariño. Y te compran cosas. Así que pensando en el futuro de mis hijos, en su bienestar y comodidad aquí va una lista de cosas (consensuadas con su madre)  que, si os apetece, podéis comprar:

-El Blu Ray de Guardianes de la Galaxia (Director´s Cut)

-Playstation 4

-Un coche familiar

-Un piano (no de cola, que no cabe. Normal)

-Una pantalla de plasma de 50″

Y para el otro chaval…Tomás creo que era…los siguientes artículos:

-Un contrato fijo, pero fijo, fijo. De esos que no te mueve de ahí ni la Púnica

-Políticos honrados

-El sueldo de Nescafé.

-La saga de Rocky en DVD

-Y un buen método anticonceptivo para mí, como yo que sé: una bala de plata en el escroto o algo que funcione.

 

¡No me da pasado el tiempo para verle la cara a esos dos!

¡Salud hermanos!
P.d. Los nombres los elegí yo en realidad. Es que en mi casa mando yo y…¡Ay que me meo! ¿A quién quiero engañar? Los elegimos como los hicimos. A medias.
Un poco más yo.
 

Hombres G: 30 años y un día

Y es que hoy voy a ver a los Hombres G. Ese grupo que lleva 30 años cantándome la vida. De pequeño llamaba a la tienda el día que salía el disco para ver si quedaban. Y me decían que sí, pero a lo mejor estaba llamando a la charcutería porque aprendí los números muy tarde, con 27 años o así.

Recuerdo el sitio exacto en que me compré cada cinta, cada disco, cada CD. En 30 años hemos pasado de los casetes a comprar por Itunes. Me acuerdo cuando añadieron algunas canciones nuevas solo en el CD de “Esta es tu vida” y me lo tuve que comprar dos veces. Recuerdo cuando mi padre me llevó a mi primer concierto, el concierto de mi vida: Hombres G en Balaídos. El se tiró en el césped y se puso unos tapones, de vez en cuando me subía a caballito, pero no aguanto el tirón de los G y nos fuimos antes de que acabara. Desilusión total. Cuando nos retirábamos empezó a sonar “Venezia” y me fastidió sobremanera no ver a Rafa cantar la opereta del principio. De pequeño pensaba que era Rafa el que la cantaba. Cosas de críos. Los volví a ver en 1992 en A Coruña con “Historia del Bikini”. Decir que te gustaban Hombres G era un acto kamikaze. “Eres un pijo”. “Y tú gilipollas, anormal” El mismo que decía eso a medida que avanzaba el concierto bajaba la guardia y se sabía todas. Puede que fuera así como aprendí el significado de la palabra hipocresía.

Así nos va a España de tanto poner etiquetas, pero ese es otro tema.

Y los tíos van un día y dicen que se separan.

—Somos los Hombres G y nos separamos—dijeron a la vez con cara de agotados. Estamos hasta la polla.

La vida sigue.

David tira en solitario; Javi monta un bar molón; Dani entra en Warner y Rafa sigue tocando. Voy a ver a David al Planet Hollywood (Gira Basado en Hechos Reales) con mi ex novia y quiero saludarlo, pero no me atrevo. Por emplear un término científico: me da palito. Me quedo sin habla y él piensa que es ella la interesada. Le planta dos besos y ella le dice que no, que a ella le da igual y me señala. El que te quiere conocer es eso de ahí.

—Brrr, Dafid, gen gen…

O algo así. Pero el tío majo, me toca la cabeza como si fuese un San Bernardo y ya me quedo contento.

¡He estado hablando con David Summers! ¿Qué coño..a quién quiero engañar? ¡¡¡DAVID SUMMERS Y YO SOMOS AMIGOS!!!

Un colega que fue a verlos a A Coruña el otro día, pero que tiene que venir hoy también o le corto el huevo que le queda, y yo montamos un grupo. Nos dicen que nos parecemos a Hombres G. Y yo digo que no, que escuchen bien las letras de nuestras canciones: “Sufre cabrón” o “El ataque de las chicas estornino”. Los títulos son falsos, lo del grupo es verdad. Nos ficha Warner y sacamos un disco. Después decidimos plantarnos fuego.

Un día los Hombres G volvieron. Con un temazo, como hacen los grandes, nada de refritos: “Lo noto”. Y sí. Noté como los huevos se me caían al suelo al escucharlo y me di cuenta de lo grandes que son. Mi colega y yo estuvimos en el Aqualung, su primer concierto en España de esta segunda etapa. Aquello fue la leche. Después mientras ellos tanteaban también pasamos por la Sala La Riviera (Dani me saludo… fijo) y acabamos cantando con ellos en Las Ventas.

Y como me aburría durante su parón estudié Periodismo. Cuando volvieron hacía prácticas en Onda Cero Madrid y propuse entrevistarlos. Allí que me fui. Todo muy profesional. Ya sabéis que un periodista tiene que ser  un tío objetivo. Pues ahí estaba yo con mi sudadera de Hombres G, nervioso y con mi pack de discos para que me firmasen. Fue como estar dentro de “Sufre Mamón”. Unos auténticos cracks. Sencillos, simpáticos y amables. Y yo con mi sudadera.

Siguen haciendo canciones como “Nunca más”, canciones que me siguen dando la vuelta a pesar de los años.Por los discos de Hombres G pasaron, novias, amigos, épocas enteras, el primer solo de guitarra que aprendí…y ahora cuando escucho “Un millón de años más”, pienso en los dos nuevos miembros que están a punto de llegar a mi familia. ¡Y que dure mucho más!

Sí tíos: Megafan.

Creo que Summers es uno de los grandes compositores en español y que estamos ante un grupo de los que dejaran huella…espera…no. Eso YA está pasando.

Gira 30 años y un día…¡¡¡allá voy!!!!!

¡FELIZ CUMPLAÑOS SALAOS!

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Intente ponerle a mis futuros hijos David y Rafa…pero no coló. Del mismo modo que le dije a mi novia:

—Cari, ¿no te molaría parir en una ambulancia en medio de una persecución?

Me miró raro.

¡Salud hermanos!

Gracias Noe…

Sperman: Ecografías y Rachel Green

“Echographies”. Podría ser el título de un disco de Pink Floyd, pero no. Son las fotos esas que le hacen a las mujeres cuando están encintas. Y la verdad es que es un mundo muy interesante, pero sobre todo… frustrante.

Una vez visité un museo. Y aunque mi abuela me dice que tengo mucho arte, la verdad es que todo lo que está colgado en la pared nunca me ha llamado la atención. Llamadme simple.

–¡Simple!

Fuera del blog.

En la sala de Arte Moderno, y delante de un cuadro que mis ojos no alcanzaban a ver, un grupo de unas quince personas con aspecto así como de gilipollas estaban paradas y murmuraban, extasiadas, delante del lienzo. Que si oiga usted, que menuda obra de arte. Que si fíjate en esos colores tan vivos, que si el mensaje está tan súperclarotronco. Que si bueno, decía otro, que eso habría que debatirlo, pero que menudos trazos, que si arredios como captaba el autor la desesperanza y brevedad del tiempo, siempre retorcido, siempre onírico, nunca quieto.

Aquello llamó mi atención y me fui abriendo paso entre la muchedumbre de hipsters eslovacos para ver con mis propios ojos qué podía ser aquello tan maravilloso que daba pie a ese apasionado debate. Está claro que vivimos invadidos por mucho moderno comemocos, pero toda aquella gente me inquietaba; alguno hasta parecía que sabía de lo que hablaba. Diez segundos después lo tenía delante. Allí estaba.

Y entonces me acordé de Rachel Green.

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Colores vivos no hay. Desesperanza sí. La mía. ¿Qué parte de la vida me había perdido que era incapaz de entender nada? Rachel Green, otra vez. Y la gente que babeaba ante semejante obra de arte. Yo les miraba y volvía mi vista de nuevo al colgajo de la pared. Nada. Como si me plantas una ecuación de segundo grado en cirílico.

Esa misma sensación que tuve delante de aquel cuadro, ya sabéis, la sensación esa de ser total y absolutamente gilipollas, unida al miedo a no quedar mal que te empuja a sonreír y a asentir con la cabeza como si supieses de que va la vaina. Bien, pues esa misma es la que vuelvo a experimentar cada vez que la ginecóloga me tiende las ecografías de mis hijos Batman y Robin, nombres provisionales.

Ovugirl las mira y las disfruta. Es normal. Ella ve esto.

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 Sonríe, se emociona, se toca la barriga y tal. Claro, así cualquiera. La ginecóloga gira la pantalla, me acerco y el corazón me late cada vez con más fuerza en el pecho, in the chest. Estoy a punto de ver a mis hijos, al futuro.

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–Ummmm, sí… como mola–miento descaradamente.

–¿Sigues sin verlos, no?– pregunta Ovugirl

–Lo que no sé es como los ves tú.

–Pero, si está clarísimo: mira, ahí están los brazitos, el fémur, los ojos…

–¿El fémur? ¿Cómo que el fémur? ¿Es Pau Gasol? Yo solo les distingo la tibia y el yunke, no te jode. Yo no veo nada cari.

–Fíjate bien.

 

Y me fijo claro que me fijo, no me voy a fijar. No me había fijado tanto en nada desde la portada aquella del disco de Sabrina. Sigo sin ver nada. Ya era malísimo en los noventa en aquello que se puso de moda…¿No os acordáis? Había que fijar la vista en una página llena de cosas raras y de repente, te ponías bizco y te salía una figura molna en 3D. Nunca vi una. No sé que se siente.  ¡Veo el Empire State, lo veo!

Cállate ya gordo.

Que ya cansas.

Me paso 20 segundos mirando la ecografía. Me la pego a los ojos y la voy separando poco a poco a ver si así noto por lo menos el contorno de los chavales, pero nada. La pongo lejos y me voy acercando yo a ver si así sí. Tampoco. Pero entonces durante unos segundos los veo, allí están. Mis hijos. Clark y Kent, nombres provisionales.  Es la misma sensación que tienes cuando ves a la joven en vez de a la anciana.

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–¡Los veo, los veo!

Pero dura un segundo. Y otra vez.

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Y me vuelvo a acordar de Rachel Green que, en aquel capítulo de Friends, no era capaz de distinguir a su bebé en las ecografías. Os pongo los subtítulos en turco porque sé que sois mucho de ir a museos y que os va el rollo Otomano. Para que luego no digáis que este no es un blog hipster.

 

Sigo sin ver a la anciana, pero a mis mellizos, Han y Luke, empiezo a verlos.

No sé si os lo había dicho, pero son nombres provisionales.

Lo de los nombres da para otro artículo.

¡Salud hermanos!

Se Baja el Telón: BT 219

Pues aquí estamos. 219 programas después. Más sabios, más atractivos y con más peso (en todos los sentidos). 219 programas se dice pronto: doscientosdiecinueveprogramas 0,056 segundos.

Técnicamente no estuve en todos por una mala decisión arbitral que casi me cuesta el partido, pero apelé y al final volví al campo. Victorioso como la selección de Nepal en un Mundial.

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Fátima/Escaleta 1 vs. Bea K.O. Escaleta 219

¿Qué decir del equipo el día que se baja el telón? Esa gente que hace posible que la televisión funcione.  Hay varias clases.

Regidor: Ser que se maneja con los números del 1 al 20 y le sobran tres. Es el león del plató, el que manda. Siempre con esa sonrisa que echaré de menos. De hecho mi despertador me avisa del nacimiento de un nuevo día con un: “Entramos en 5, 4, 3, 2…”

Sonido: Gente que procura que todo suene cuando debe y al volumen adecuado. Abren micros, cierran micros, sonorizan a a los invitados, mezclan los vídeos. Suelen tener buen pulso y, si tienen la suerte de trabajar en plató, le meten mano a los invitados con la excusa de colocarles el micro. Son bisexuales por naturaleza: les da igual tocar a los hombres que a las mujeres, pero con estas últimas se hacen los remolones. Despúes está el de la ambientación musical, que se sienta como Scarface en la mesa aquella llena de coca y tiene en la cara una expresión de “Aquí manda mi polla”. Pone las sintonías y al final del programa nos suele regalar un temazo.

Mantenimiento: Se dedican a joderme. Me ponen aparatos que no están bien del todo, que yo acabo de estropear para justificar su sueldo. Son superinteligentes por naturaleza, pero con el chaleco lo disimulan. La historia de Mc Gyver está basada en ellos. Con un destornillador y laca te hacen un cóctel molotov de alta gradación. Cuando caminan suenan como un loop de música electrónica de tantas arandelas que llevan en los bolsillos.

Realización: Realiza. Imagina que tienes un puzzle. Pues ellos son los que se encargan de que cada pieza esté en el lugar adecuado para que todo tenga un sentido. Nunca gritan o gritan para adentro. Cuando están a punto de estallar por los devenires del directo emiten un sonido que solo escuchan los editores, mezcladores y los perros. Hablan en un idioma especial que trasladan a su vida cotidiana fuera de los platós. En unos grandes almacenes pedirían así unos pantalones. ¿Tienes pantalones cortos con dúplex al 75%?  ¡Dependiente! ¡¡¡¿Estás dormido o que coño pasa?!!! Así no se puede salir de compras, joder.

Iluminación: On/Off. Depende del día que tenga. Consigue que todo brille y que te den ganas de tener esa iluminación en casa. Para ellos ir a IKEA es como ir a Disneyworld. Van por los pasillos como un perro de caza con tantas luces sueltas por ahí.

Producción: Son los camellos del medio. Todo lo consiguen. Como Morgan Freeman en “Cadena Perpetua”. Eso sí después te la guardan como Liam Nesson en “Venganza”. Hacen que todo encaje en el presupuesto y lo hacen bien.  A veces, hasta demasiado bien.  Si el director pide una banda de música en directo, el productor le dará un loro y unas maracas. Es así. El eterno pulso.

Editores: Artistas por naturaleza. Son capaces de hacer un vídeo buenísimo sin despeinarse, con elegancia. Así, de tacón. Flipan con Matrix y con Javi Rocha.

Infografía: Simplificando mucho: hacen dibujos informativos por ordenador para que te queden clase las cosas. Un árbol genealógico, el resumen de una carrera, las diferencias entre ibuprofeno y paracetamol, lo que se te ocurra.

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Redacción: Los redactores son la vidilla de la redacción. Nunca se quejan, salvo entre semana, que entonces sí. Sacan agua de las piedras si es necesario para llevaros la noticia a casa.

Jefes varios: Después están los jefes. Siempre comprensivos y eficientes. Cuando están callados. Grandes personas que han sabido capear mi carácter afable, bonachón y estable. Me quejo mucho de ellos, pero a veces pienso en jefes anteriores y me dan ganas de abrazarlos y decirles mientras les acarició el pelo, que nunca les dejaré marchar.

Limpieza: A pesar de que el medio audiovisual es de los más limpios (después de cirujanos, utilleros y taquilleros) las profesionales de la limpieza hacen su trabajo de forma impecable. Por lo general saben más de lo que se cuece que muchos altos cargos. Son como espías profesionales. Están sentadas leyendo el periódico al revés concentradas o pegan vasos de tubo para enterarse bien de la jarana. Si cuando las saludas bajan la vista y niegan con la cabeza…te puedes dar jodido.

Maquillaje, Peluquería, Vestuario: Van a la moda. Parecen sacados de UPA Dance. Pueden distinguir 18 tonos distintos de azul, 21 de blanco, 9 negros y 12 amarillos. Imprescindibles para tapar los defectos de los presentadores y explotar sus virtudes. En el plató parecen turistas japoneses. Siempre haciendo fotos.

Cámaras: Hay muchos tipos de cámaras. Activos, pasivos, despistados, paneadores, intensos, atractivos, opositores, hipsters, bonachones, gruñones…son como los enanitos de Blancanieves. Cada uno con su personalidad, siempre dispuestos a buscar ese plano correcto, ese paneo intenso…son la salsa de los directos.

Cocineros: Nutren con una dieta variada a todo el equipo. Responsables directos de mi aumento de peso. Hoy por ejemplo: brownie con fresa y nata. Claro. Esto de tal subidón de azúcar que parezco Pocholo en Fin de Año. De ahí este post.

Colaboradores: Hemos tenido escritores, periodistas, diseñadores, psicólogos, humoristas, profesores y a Juan Rivas.

Administración: Administran riqueza. En el mejor de los casos.

Ayudantes de producción: Los pongo de últimos por joder. ¿Que harían los redactores sin ellos? Mano de santo para los problemas que uno se puede encontrar durante un directo. Son como el personaje del Lobo de Pulp Fiction. Su trabajo es solucionar cosas. O sea, como mantenimiento, pero con resultados.

Control de cámaras: Aún estoy trabajando en esto, porque está encerrado en un cuarto con el de iluminación y prefiero no preguntar. Rollo “Torrente” seguro.

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Guion: Mi trabajo debería ser sacarle punta a todo, pero no consigo hacerlo.

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Espero volver a coincidir con todos vosotros. Me habéis regalado la mejor etapa profesional de este último año. Y no me quiero poner sensible, pero lo cierto es que…es que…

 

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Salud hermanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Cómo pesa el tiempo!

¡Ay, cómo pasa el tiempo! Unos aseguran que pasa muy rápido y otros dicen que pesa mucho. Hace años cuando a uno le daba un ataque de nostalgia abría un álbum de fotos, se ponía música “de aquella época” y se reía o emocionaba a medida que iba pasando sus páginas. Páginas de álbum ochentero que, dicho sea de paso, eran tan gruesas que bien podrías matar a un anciano de un golpe seco en la cabeza. Y es que en los ochenta y en los noventa todo era así: aparatoso.

Una se quedaba ensimismado viendo aquel documento. Yo creo que eso de la fotografía a mediados de los ochenta debía ser como ahora lo de los selfies. Mis padres fotografiaban todo. Así que hay un documento bastante exhaustivo de mi niñez y adolescencia. En ese momento la crónica para porque me salió y acné; me empecé a vestir de negro y me compré dos relojes de pulsera que lleva a la vez. Cosas de chiquillos. A otros les da por comprarse una katana y matar a sus padres, así que lo mío no es para tanto. Después me hice superfan de New Kids on the Block y eso hay gente que aún a día de hoy no me lo perdona y hace todo lo que puede para que no olvide. Me miran, me señalan y se ríen.

A lo que vamos.

Ahora, en pleno siglo XXI, los ataques de nostalgia y ese enfrentamiento con el pasado no son voluntarios. Vienen marcados por las redes sociales. Os pongo un ejemplo:

Es un día normal, estoy trabajando frente al ordenador cuando una notificación azul se ilumina en mi móvil. Pienso en el tío que inventó esa bombillita que me sorprende de vez en cuando con un nuevo color: verde, blanco, azul, rojo…esta es azul, lo que significa que es Facebook el que me reclama. Y esto es lo que me encuentro:

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Al principio ni siquiera me reconocí. No entendía porque alguien podría haberme etiquetado en una gala de José Luis Moreno, pero enseguida me doy cuenta de mi error. Ese que estaba ahí, sonriendo desde mediados de los 90 era yo. Mi mente no da crédito. De izquierda a derecha repaso a estos seres de otro tiempo: Sara, yo, Montse y Bubi. Pero en realidad mi mente procesa otros nombres: Toñi, El Fari, Encarni y Julian Muñoz afeitado.

Varias preguntas me rondan la cabeza:

¿Cuánto tiempo ha pasado de todo esto?

¿Por qué en los noventa no había pantalones de mi talla?

¿Quién me engañó para salir así a la calle?

Y lo peor es que recuerdo aquel día.

5 de enero de 1995

Tengo 20 años y esta noche es el primer baile de Reyes al que voy. Me pongo el esmoquing y me va perfecto. Como un guante de seda en el precioso brazo de una mujer fatal. Bien de hombros, muy genial de cintura y perfecto de pantalones. En un rato he quedado con mis “colegas” y estoy seguro de que hoy va a ser, como diría Rafael: Mi gran noche. Estoy deseando que nos hagan una foto al llegar al local: pocas veces he ido tan de puta madre como hoy y quiero inmortalizarlo. Le lanzó un beso al espejo y me guiño un ojo. Después sonrío. Está claro que eres imparable tío. Eres un grande. LLamo a un taxi, le pago 400 pesetas (estoy forrado después de las fiestas, y eso, unido a la ropa, pues como que te da seguridad). Mi chófer me deja en la puerta del local y allí esta toda la gente molona. Vaya, pienso. Ellos también van de la hostia. Sara y Montse van a la moda. Siempre estilosas y sonrientes, a la última. Y Bubi está en su peso. Escucho que alguien dice que vamos a hacernos una foto y de repente un cosquilleo me recorre el cuerpo, como un sentido arácnido que me avisa de que algo va mal, creo que es una señal del futuro, pero ya es tarde. Un flash me ciega y…

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Volvemos a 2015.

Es así la vida. Ahí estamos y siempre estaremos ahí, así. Un día en el año 3093 alguien se topará con esta reliquia vía Internet Anal (en el futuro todo será vía anal, llamadme loco) y dirá. ¿Qué es esto? ¿Así eran los humanos hace siglos?

Pues sí amigos del futuro. Y es que Sensación de vivir hizo mucho daño amigos. Aún así, como dice Montse, vergüenza ninguna y os reto a que dejéis caer por aquí vuestras fotos noventeras. En en lado positivo hay que reconocer que estar rodeado de tanta belleza gitana es una experiencia. Lo dicho: ¡Cómo pasa el tiempo!

¡Ah! Este soy yo ahora en 2015, he cambiado un poco a mejor, por el corte de pelo.

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Salud hermanos

Sperman: Mantenlo en secreto

Hola amigos,

Soy Sperman, algunos me conoceréis como Inseminator, Fecundator y un montón de nombres más. Mi novia es Ovugirl, también conocida como Óvulo Infinito o Dúplex Baby. Los que seguís este blog sabéis de nuestra historia: en unos meses, y si todo va bien, seremos padres de mellizos.

Mellizos:  Dos seres humanos que se desarrollan a la par pero cada uno en su local. En una placenta puede haber un ambiente chill-out  y en la otra rancheras. Básicamente son dos hermanos que nacen a la vez y que durante nueve meses comparten el útero de la madre como si fuera un Bla Bla Car hacia la vida. A juzgar por sus movimientos, ellos deben pensar que aquello es un after.

EL PACTO

Cuando uno recibe una noticia como esta, tan buena y ansiada, el primer impulso es saltar de alegría. Bueno, en realidad el primer impulso es intentar pestañear después de una hora mirando a la pared y babeando. Una hora después, superada esta fase, lo que te pide el cuerpo es contárselo a todo el mundo, pero claro eso no puede ser. Hay que ser prudentes… no vaya a ser.

Desde el principio Ovugirl y yo pusimos unas reglas en cuanto a este tema. Unas normas férreas que prometimos no saltarnos bajo ningún concepto. Unas normas que ni en “El club de los poetas muertos”. Hasta que pasasen los tres primeros meses solo podríamos contarles lo de los dos churumbeles a cinco personas cada uno.

 

-Solo a cinco, ¿vale?-me dice Ovugirl

-Vale, pero la familia no cuenta ¿no?

-No, la familia claro que no cuenta idiota.

-No me insultes que te fecundo otra vez ¿eh?

(Silencio picarón)

 

5 minutos y 21 segundos después nos dimos la mano y prometimos no saltarnos el pacto bajo ningún concepto.

 

24 horas más tardes hicimos balance de la gente a la que se lo habíamos dicho.

Gané yo. 21 a 19.
Familia aparte.

En aquellas 24 horas se lo dije a mi mejor amigo (es como de la familia y no cuenta). Se lo dije a dos o tres íntimos que me encontré por casualidad esa noche. Se lo dije a un amigo que hacía tiempo que no veía. Después me tomé unas cervezas y se lo fui contando a más gente: a la camarera, a seis conocidos íntimos, a un policía, a un señor que pasaba por mi lado y a otros dos que no me caen muy bien, pero estaban en el lugar equivocado en el momento perfecto. Hasta desempolvé a mi viejo amigo imaginario “El payaso Tomatito” y se lo conté. Lo cierto es que todos me miraban con atención y curiosidad. Les entiendo, no siempre uno tiene delante a un Sperman nato. Un hombre capaz de fertilizar las aceras si eso no fuese considerado escándalo público.

 

Ovugirl hizo lo mismo, se lo contó como a 19 personas. No sé cómo, pero logró convencerme de que los de ella no contaban.

Al hacer el balance de daños los dos coincidimos en que por mucha ilusión que nos hiciese teníamos que parar de soltarlo. Por lo que pudiera pasar. Así que mientras entramos en el bar que está debajo de casa de mi madre decidimos que de momento teníamos que cortarnos. Mientras ultimamos los términos de nuestro silencio el camarero se nos acerca y con una sonrisilla pícara nos dice:

-¡Enhorabuena chavales, nada menos que dos!

Nos miramos incrédulos y pienso en la madre que me parió. “Ya se lo ha chotado al del bar”. Cuando la increpo me dice: Es que no pude evitarlo, es mi amigo. 

Es el camarero por Dios. A mi madre le pones una Pepsi y una tapa y te seguirá como un perro pachón hasta el fin del mundo.

La vida es así y para Spermabuela serán sus primeros nietos. ¿Cómo no va a gritarlo a los cuatro vientos? Se lo pide el cuerpo. Normal.

 

REACCIONES

La gente de mi entorno se queda un poco pillada cuando les enseño las primeras ecografías de bebé 1 y bebé 2 (estamos trabajando en los nombres).

Por ejemplo, mi compañera Fátima Rodríguez, megacrack donde las haya, espontánea y sincera como es ella me preguntó:

-¿Cómo dos? ¿Son dos seres humanos?- pregunta ella con esos ojos, abiertos como platos, que no sabes si es curiosidad lo que tiene o si es que lleva un mes bañándose en LSD.

Me dieron ganas de responderle: “No Fátima, uno es un Ewok y el otro un Gremlin”. Pero como la quiero con locura, solo escupí en el suelo y la miré amenazante.

Otro de mis compañeros, un editor conocido como Emilio Palmeira (y del que solo puedo decir que es un clase A)  también se sorprendió al saber que iba a ser padre por partida doble.

Versión original (en galego)

-Dous? Como que dous? ¡Un de cada collón!

Versión traducida

-¿Dos? ¿Cómo que dos? ¡Qué bendición amigo!

A Palmeira a tacto solo le gana un proctólogo.

Pero la reacción más común es que la de la incredulidad. La gente piensa que es una broma. La frase que más he escuchado estos meses es:

-¿Estas de coña, no?

Pues os diré una cosa: Estoy perfectamente capacitado para criar a dos hijos. No lo dudéis.

Y ahora os tengo que dejar que mi novia me tiene que poner el pijama.

Saludos hermanos.

 

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Dime cómo bebes y…The Walking DYC

Originalmente publicado en Cartas a 1985:

Si es que (me) lo digo siempre: hay gente que no sabe beber.

Con las borracheras al final sucede como con las opiniones: cada uno tiene la suya. Hay infinidad de grados y variantes y a la  hora de la verdad (que suele coincidir con la hora feliz) a cada uno le afecta de una manera muy personal.

A lo largo y ancho de los años y dentro de mi círculo de allegados he podido analizar y profundizar en los diferentes y apasionantes subtipos de lonas y he llegado a la conclusión de que posiblemente se puedan extrapolar al resto de la sociedad española que frecuenta los bares (¡qué lugares!).

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1) El violento

Todos conocemos a uno de esos tipos que cuando beben imponen su ley. Normalmente tampoco es que sean la alegría de la huerta, pero cuando se toman dos copas de más buscan pelea a toda costa. No…

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