La leyenda de El cuarto Rey Mago

La historia oficial, los libros y la tradición nos cuentan que los Reyes Magos de Oriente eran tres, pero en ocasiones (o mejor estaría decir casi siempre) la historia está escrita por los ganadores.

Este relato tiene como objetivo reivindicar la existencia e importancia de una figura olvidada, de un hombre que ha sido injustamente borrado del imaginario colectivo, su nombre ha sido cercenado sin compasión de todos los libros, erradicado de todas las películas, de todos los documentos de la época.

Esta es la historia del cuarto Rey Mago.

La historia de Jose Luis.

40 años antes del nacimiento de Jesús.

Centro de Formación para  Reyes Magos de Oriente Herodes, El Grande

Gaspar y Melchor aprovechan los recreos y los tiempos muertos para fumar esas hierbas aromáticas que ha traído Baltasar desde el Norte de África. Baltasar El negro, como le llaman cariñosamente ha sabido hacerse un hueco en sus corazoncitos a base de simpatía y pequeñas dosis de contrabando. Lo cierto es que los tres se han vuelto inseparables desde el comienzo del curso y no se despegan  bajo ningún concepto. Siempre juntos salvo en el vestuario. Allí todo el mundo se aparta de Baltasar para evitar incómodas comparaciones.

El Centro de Formación para Reyes Magos de Oriente Herodes, El Grande tenía un solo objetivo. Formar a cientos de futuros candidatos a Reyes Magos en las muchas disciplinas, oficios y artes necesarias para convertirse en unos de los cuatro elegidos de cara a la inminente advenimiento de Jesús.

Eran doce clases y en cada una de ellas se daban cita a diario doce alumnos de distintas procedencias. Estaban los semitas, que era un poco chulos y sobrados, pero en el fondo buenas personas; los asiáticos, bastante parlanchines y divertidos; y los africanos que eran muy buenos bailando y cantando a capela. Ellos vivían por su propio código y bajo sus propias normas y aunque cada uno tenía su propio nombre, entre ellos se llamaban “Madafacá”. “Madafacá esto”, “Madafacá lo otro”. Un poco agresivos en lo que a la utilización del verbo se refiere, pero a todas luces todo corazón y bondad.

Las asignaturas en el centro eran de lo más variadas. Por ejemplo, en este segundo cuatrimestre las más hueso eran: Sigilo I, Magia II, Protocolo I, Principios Básicos de Orientación y Doma de Camellos. Entre las optativas las más demandas eran sin duda Ubicuidad y Cómo tratar a tu paje.

Y precisamente en una de estas clases empieza nuestra historia quizás no en la más popular, pero el destino quiso que Jose Luis y Baltasar se conociesen “a la fuerza”. Eran los dos únicos inscritos en la asignatura ” Mirra Artesanal”. Así que la conversación surgió de manera natural.

—Vaya, parece que esto de la mirra no es precisamente un éxito. Soy Jose Luis encantado.

—Yo Baltasar—dijo el negro con esa voz grave como un túnel a oscuras mientras le tendía la mano—. ¿De dónde eres?  Nunca te había visto por la escuela.

—Estoy de Erasmus. Mi sueño es ser uno de los Reyes Magos.

—Ja, ja, ja, ja —la carcajada del negro retumbó en todas las  esquinas de la clase como si una docena de truenos hubieses descargado justo encima de ellos en aquel momento

— ¡Ese es el sueño de todos y cada uno de los candidatos  Jose Luis! Y ya sabes que solo pueden quedar cuatro.

—Pues ojalá tú seas uno de ellos— dijo Jose Luis.

Uno de los pajes en prácticas interrumpió la conversación y  anunció que la clase se había cancelado por la poca repercusión y que los trasladaban a “Ubicuidad”.

—Creo que vamos a quedarnos sin saber más de la mirra. Por lo que he leído sobre ella me parece un regalo original y distinto y si yo fuese Rey Mago seguro que sería el regalo que elegiría para Jesús.

—¿La mirra? ¿Qué es eso?

—¡Pero si tú te has apuntado a la clase como yo!

Baltasar sacó un papel arrugado de su casaca morada y leyó con detenimiento, rumiando para sí las palabras: Mirra Artesanal.  Baltasar levantó la cabeza y desplegó una amplia y blanca sonrisa.

—Leí mal tío. Pensaba que ponía “Variedades de Birra”. En ese pesebre va a hacer falta algo de alegría, va a ser todo muy lúgubre.

Los dos rieron a mandíbula batiente que es una expresión muy utilizada desde aquella época y en honor a Baltasar para expresar que se partieron el ojete moreno durante unos minutos. Aquello era el principio de una gran amistad, pero por desgracia no duradera.

Jose Luís, o J.L. como comenzaron a llamarle en el centro, se ganó las simpatías de todos en apenas unos días. Baltasar le invitó a las pequeñas fiestas que organizaba después de clase y allí entabló una relación de camaradería con Gaspar y Melchor. Aunque buena gente, el trío original era bastante malo en los estudios y fue Jose Luis el que les enseñó a sacar más provecho de lo aprendido, les organizó clases particulares, les ayudó con las materias que se les atragantaban y todo por una visión.

—¡Nosotros seremos los Cuatro Reyes Magos de Oriente! Pasaremos a la historia como leyendas, como sabios generosos, magos inigualables y los niños de todo el mundo nos querrán con locura. ¡Haremos felices a todos esos críos empezando por Jesús! ¡Gaspar, Melchor, Baltasar y Jose Luis! ¡Ya puedo verlo!

Sus notas subieron como la marea en luna nueva y pronto los cuatro se colocaron en las primeras posiciones del RRM (El Ranking de  los Reyes Magos) que hacía una media ponderada de habilidades, notas y popularidad.  Jose Luis encabezaba con holgura ese ranking y le seguían Baltasar, Melchor y luego Gaspar.

El día de la gran elección se acercaba, pero la gente tenía la sensación de que la suerte estaba echada desde hacía tiempo. Todo el mundo sabía quiénes serían los elegidos.

Pero entonces Herodes cambió sus destinos para siempre.

Herodes, El grande

Herodes, El Grande medía en realidad 1,53. Por eso se puso el apodo de El Grande. A nadie le gusta pasar a la historia como Herodes, el tapón o Herodes, el que no tiene ni media hostia.

Sus apariciones públicas eran muy muy pocas y aunque tenía claro que lo del Mesías era una amenaza para sus intereses nada mejor que financiar ese centro para despejar cualquier duda sobre sus intenciones. Mandaría matar a todos los niños menores de dos años para evitar problemas eso por supuesto, pero cada cosa a su tiempo. De momento quería disfrutar de la admiración de su pueblo y rebajar su fama de sanguinario. “Matas a un niño y te llaman matan niños” decía siempre. Además según la profecía, aquellos Reyes Magos les guiarían sin saberlo hasta la ubicación exacta del crío. Su plan era perfecto.

Por todo salvo por una cosa. Ese tal Jose Luis. Ese tipo había revolucionado el centro.

Ese candidato era un peligro. Creía de verdad en el papel de los Reyes Magos. Si sospechaba de sus intenciones tendría problemas. Era un hombre con principios, valores e ideales y eso no era nada bueno para sus intereses. Si por Herodes fuese quemaría a todos los soñadores y haría que se comiesen sus propios testículos. Los otros Reyes eran buena gente también, de aquello no había duda, pero eran mucho más fáciles de manipular. Un poco de fama por allí, algo de reconocimiento por allá y cumplirían, sin saberlo, su papel a la perfección.

El gran día

Todos estaban nervioso aquella mañana. Herodes ya estaba en el centro y el salón de actos estaba abarrotado. Los compañeros felicitaban ya a los ganadores con deportividad y todo estaba a punto para el discurso del Rey de Reyes.

Herodes subió a la palestra, se acercó al atril y mandó que bajarán el micrófono que le quedaba un poco alto. Mandó que le amputasen los brazos y la nariz al responsable y con una sonrisa en la cara comenzó su charla.

—Estimados profesores, alumnos y pajes. Esta es sin duda la mejor promoción de Reyes Magos de la historia y tengo el placer de comunicaros los nombres de los elegidos. Por desgracia ha habido un pequeño cambio en las reglas y no serán cuatro los Reyes Magos de Oriente sino tres.

Un murmullo barrió la sala como una ola. La gente estaba desconcertada.

—Los elegidos son: ¡Gaspar, Melchor y Baltasar!. Un aplauso para ellos.

Pero nadie aplaudió. El público enmudeció. Los elegidos se miraron entre sí, pero las miradas se centraron en Jose Luis que notaba como las lágrimas comenzaban un camino imparable desde su corazón hasta sus ojos.

—¡Pero eso no es justo!—exclamó alguien desde el público.

—Por favor verdugo, córtale los huevos al que acaba de decir eso y mata a su hijo de una pedrada en la cabeza. ¿Alguna voz más que quiera compartir sus inquietudes con nosotros?

—Señor—dijo Baltasar—. Jose Luis se lo merece más que nadie.

—Bien, pues si tanto lo queréis podéis dejar el puesto vacante, por candidatos no va a ser.

Jose Luis se acercó a sus compañeros.

— No se os ocurra abdicar. Os lo merecéis más que nadie. Sé que lo haréis bien. Haced que me sienta orgulloso.

—Pero Jose Luis…— dijo Melchor—.

—Necesito irme de aquí. Pero seguro que volveremos a vernos.

—¿A dónde irás?

—Tengo un par de ideas, pero ahora necesito estar solo.

Herodes reía al ver la escena y levantó una mano. En apenas una décima de segundo uno de sus sirvientes apareció a su lado.

—Borra todos los registros de José Luis, aquí y en su tierra. Cuando lo hayas conseguido córtale los huevos.

—Sí su majestad.

El sirviente borró todo registro del centro, la partida del nacimiento, hechizo a sus familiares y amigos e incluso a los tres Reyes Magos con La Poción del Olvido y claro, todos se olvidaron del bueno de  Jose Luis. Era como si nunca hubiese existido. De tanto manipular la poción hasta el mismo sirviente se olvidó de Jose Luis y no lo mató. Aunque no le habría servido de nada buscarlo ya que J.L. había huido muy lejos de allí. Atravesó, desiertos, océanos y montañas;  valles y ciudades en busca del lugar más recóndito en el que un hombre podría vivir. Después de 1.000 días de viajes había conseguido llegar a su nuevo hogar. Allí podría empezar de nuevo y perseguir su sueño.

Laponia sería su casa.

—¿Busca algo amigo?—dijo un señor al ver al extraño en un camino colapsado por la nieve.

—Quizás un poco de paz y empezar de cero.

— Vaya…—. dijo el hombre mesándose la barba—. ¿Cómo se llama?

—Puede llamarme…Nicolás.

Nicolás. Era un buen nombre para esa nueva etapa.

Y como suelen decirse el resto…Es historia.

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Diario de a bordo: First Blood

Capitán la que se ha montado en cero coma:

Los lechones están bien, aunque hemos descubierto estos días que flema no es una ciudad portuguesa. Llevan una semana de vómitos y diarrea; se contagian entre ellos aunque poco a poco se van recuperando. Es lo que tiene ser padre primerizo a los cuarenta y de mellizos, que descubres un mundo nuevo cada día.

Por si esta tremenda situación fuera poco, Tomás se ha cortado en un dedo y hemos visto su sangre por primera vez. El dedo humano, Capitán, sangra mucho y lo mejor que se puede hacer en ese momento es mantener la calma y no asustarse que es exactamente lo contrario a lo que hizo su madre. El dedito no para de sangrar y la estampa del baño parece sacada de SAW 3. Yo, que soy un tipo sensato, pido calma a gritos arañándome la cara, pero nada que no hay manera.

La madre asustada, el niño llorando como cuando acabas de ver “Un monstruo viene a verme” y yo pensando que si aquello no paraba de sangrar quizás ( y solo quizás) podría significar que el chaval es una de esas personas que no pueden parar de sangrar, filatélicos creo que se llaman.

Pasan los minutos y el dedo de Tomasete sigue sangrando, la verdad que tiene un buen tajo así que la madre decide llevarlo al lugar en el que los tajos son un pasaporte de entrada: Urgencias.

Urgencias Capitán, es un sitio en el que no hay ni prisa ni calma.

Es uno de esos lugares que en nuetro planeta llamamos agujero negro. Uno sabe cuándo entra, pero no cuándo sale, y un humanl puede pasarse horas y horas ahí metido comiendo techo. Se han dado casos de gente que ha entrado con una herida abierta y que al atenderlos ya estaba aquello cicratizado.

En Urgencias siempre hay un señor mayor quejicoso, una familia de gitanos con un bebé  y un par de niños con ojeras y  pinta de haberse confundido el Canfort con la Nocilla. Es un buen sitio para pasar el rato, un Barrio Sésamo hospitalario,  y a todos estos ingredientes se suma la lotería de adivinar  quién te va a atender: Si algún médico molón o el hijo bastardo sin corazón de una zorra babilónica.

Total que mientras tanto mi otro hijo Antón Jr. y yo nos metimos una buena sesión de Cantajuegos (que me tienen hasta los huevos) y esperamos pacientes la llegada de la otra mitad de la familia.

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Y llegó Mamá con Tomasete y su vendaje. No sé por qué pero me recordaba a E.T. (el niño no la madre).  Le dieron puntos de aproximacion, que supongo que significará  que el médico se iría acercando como Gila para estebelcer contacto con el lechón. Al escuchar esa expresión: Puntos de aproximación, pensé: ¿Habrá puntos de lejanía? La respuesta es sí. Los hay.  Os cuento:

Una vez mi madre me tuvo que coser una herida y es nefróloga así que para ella puntos los de Eurovisión. . En realidad  no me cosió, me calcetó. Mi muñeca parece una pizzas con anchoas. Eso son lo que yo llamaría  puntos de lejanía.

Tomasete se recuperó enseguida y apenas se quejó  (algo que a todas luces ha sacado de su padre que tiene la tolerancia al dolor de una colegiala suiza).

El vendaje era muy chulo y yo también deseé haberme cortado un dedo para fardar. Al día siguiente ni su madre ni yo fuimos capaces de reproducir ese vendaje que lo debió hacer un enfermero con un pasado naval. Le pusimos unas tristes tiritas que le duraron diez segundos en el dedo pero al los tres minutos ya no tenia nada de nada y estaba feliz con su recién recuperada libertad dactilar.

¡Ay mis lechones como crecen!

Creo que Marina ya ha llegado a nuestro planeta. Trátela bien y recuerdo que lo molan mucho los huevos fritos si son caseros mejor.

Seguiremos informando.

 

 

 

Diario de a bordo: Marina

Capitán, hoy se ha ido Marina.

Mi tercera abuela, la que me cuidó de pequeño y me abrió su casa cuando no levantaba tres palmos del suelo. Marina era el hada buena de los cuentos. En todos estos años en La Tierra nunca la vi de mal humor, siempre amable, siempre cariñosa. En su cocina escuchaba música en cintas de cassete que se estropeaban de tanto ponerlas. Sus hijos me las arreglaban con pegamento, paciencia y un bolígrafo. Ni siquiera llamaba a la puerta simplemente entraba. Era tan pequeño que a veces me colaba desde de mi casa a la suya por una ventana. Un cariñoso allanamiento. Se van los huevos fritos, los nísperos, los bailes, las sardinas en San Juan, las avispas en las flores,  pero me siento afortunado…No todo el mundo tiene tres abuelas.

 

Gracias Marina. Nunca te olvidaré.

 

 

Diario de a bordo: El círculo de los mellizos

Estimado Capitán:

Aquí le mando las gráficas de mi misión a la que he bautizado como “Misión Doble Óvulo” a partir de ahora MDO.

Bien, llegado a este punto de la crianza que los humanos denominan puta locura poco más se puede decir, así que como una imagen vale más que mil palabras, he decidido plasmar toda la información en esta gráfica titulada “El círculo de los mellizos”.

En ella se muestra la paleta emocional a la que nos vemos sometidos los padres múltiples en los primeros estadios de la crianza de nuestros pequeños seres. Capitán, es de suma importancia que no se deje embaucar pos si naturaleza adorable y por su pequeño tamaño. ¡No lo haga, por favor! Es un error. A los gremlins también les ponía uno un piso y mire la que liaban si comían después de media noche. Más feos que una suegra recien levantada. Menudo dueño el chaval de los Gremlins. Lo hizo todo mal y en cuarto de hora. No lo supero ni yo.

A lo que vamos. Partiendo de la base que el amor que nos fluye por el cuerpo es como burandanga que nos deja sin voluntad al ver a nuestros preciosos hijos, en realidad se mantiene una lucha atroz entre cerebro, corazón y cuerpo.

El cerebro dice: “Cómo te vuelvas subir te mato” (Cabe puntualizar que “volver a subir” hace referencia a la vez número veinte o ventiuno en apenas 12 minutos que se suben al sofá. Ojo, se suben para tirarse, hete aquí el problema)

El cuerpo dice: “Pues a ver quién se agacha para levantar a chaval…Yo no puedo más. Por cierto soy tu espalda”. Acotación del cuerpo de papá. Increíble estos brazos hipermusculados que se me están poniendo en comparación con la barriga que deja mucho que desear (nunca mejor dicho). Este contraste es raro raro… como un mono con piel de lagarto.

El corazón dice: “¡Cómo te quiero enano, sube más alto! ¡Hasta el infinito y más allá! Y si puede ser cuando esté tu madre mejor”

 

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Cómo puede ver nuestro tiempo de felicidad doméstica se divide entre:

Perdidas de paciencia: A veces nos sorprendemos gritándoles para a continuación escacharrarnos de risa al ver su mirada arrojadiza tan entrañable como limpia.

Falta de sueño: Pues eso, que nos falta el sueño, pero no en plan un poquito, no. Para ojeras las nuestras, parecemos todos familiares de Benicio del Toro.

Dolor de espalda: Explicado en un punto previo.

Impotencia: A buenas horas mangas verdes.

 

En fin Capitán espero que le sirva de algo esta gráfica sobre el estado de ánimo de los padres múltiples. Le dejo que están saltando al vacío desde el sofá. Y les gusta.

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Trumpsformers

 

Presidente Trump.

Hecatombe dicen muchos. Aquí todo el mundo se queja. Y me da en la nariz que lo que hay es mucha hipocresía.

¡Cómo va a salir el PP después de tanta corrupción!

¡Tranquilo que el Breixit no será una realidad!

¿Trump? ¡Qué va! ¡Ni de coña!

Y todo esto lo dicen en la televisión unos señores que se supone saben mucho. Les llaman analistas. Nada que ver con el ano. Un analista o tertuliano (otra vez el ano) es un señor que debería tener un criterio, pero que por lo general tiene una opinión (como mucho) y las opiniones ya sabemos todos que son como el agujero del culo (otra vez más).

Cada uno tiene la suya.

¿Presidente Trump?

Para ser justos no es lo mismo analista que analiza (hasta el fondo) y tertuliano que no sabe analizar, pero sienta cátedra por guapo e intenso. Eso sí, unos y otros están de acuerdo en que Trump es malo. Malísimo. Decía el humorista Dana Carvey que Trump es calcado a un malo de Batman.

Pues le han votado y mucho.

“Es populismo”

Parece que hay gente que en privado vota una cosa y en las encuestas dice otra. ¡Qué sorpresa! Es decir se transforman.

Trumpsformers.

Ahora todos sabían que bueno, que sí que no les pilla de sorpresa.

Los cojones. The Collons.

Con esto se sacan dos conclusiones supernovedosas.

a) Los sondeos no valen para nada más que para amplificar los intereses de los propios medios.

b) A lo mejor la gente no dice la verdad sobre sus ideología para que no se la juzgue.

c) Los analistas y tertulianos de saldo fuera de la tele. Quedémonos con los buenos con Kiko, Belén, Willy y gente válida.

d) Trump es malo, pero qué pelazo.

¿Qué será, será? Pues whatever will be, will be. Mirad esa carita. ¿Cómo va a ser malo alguien así? Solo necesita cariño y alguien que le susurre “Dámelo todo papito” al oído.

No tenéis sentimientos.

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Diario de a bordo: Kamikazes

Estimado Capitán:

Estoy muy preocupado. Como ya sabe el día del nacimiento de los mellizos perdimos su manual de instrucciones, así que vamos improvisando día a día Es lo que tiene que ser padre múltiple. Están a punto de empezar a andar. Lo notamos. Cada día están más espabilados y despiertos y nosotros más dormidos y embotados.

¿La última? Han aprendido a subirse al sofá.

Empezó Antón Jr. hace un par de semana. El pequeño lechón descubrió que si levantaba una pierna le era muy fácil encaramarse al sofá. El pobre se cree que lo de levantar la pierna le sirve para todo y si lo metes en el parque pues, convencido de su éxito, también la levanta. Es su primer silogismo.

Tomás empezó esta semana a subirse a cosas (así en general) y ahora a la mínima que uno se despista los tiene a los dos conquistando el sofá con una actitud tan reivindicativa como feliz. Esas dos sonrisas que expresan: “Nos hemos subido al sofá. Es la mejor experiencia de nuestras vidas y queremos compartirla contigo extraño hombre barbudo”.

Crecidos por esta sensación de poder lechón se excitan y ríen, se dan la vuelta, comen alfombra y se inmolan. Kamikazes en estado puro. Levantan los brazos y aterrizan con la cara en los cojines que su madre y yo hemos dispuesto con mimo y desesperación en el suelo para evitar males mayores.

Digamos que el suelocojín es exactamente lo opuesto a un campo de minas. Mientras que el campo de minas intenta arrancar vidas el suelocojín las salva.

Captura de pantalla 2016-11-02 a las 19.07.39.pngEllos están felices. Su madre y yo Capitán, pues como porteros en la tanda de penaltis.

En estas situaciones es cuando uno se da cuenta que hay dos conceptos que los bebés tardan en aprender: altura y peligro. Se tiran, aterrizan y dirigen su cuerpo que cae un picado al suelo (mullido y tuneado) del salón.

Su último descubrimiento es la ventana. Se suben a los brazos del sofá y la golpean. Es como estar viendo “Cadena Perpetua”. Se ve que la calle les llama. Golfos.

 

Creo que la sensación de felicidad e impotencia que tengo al verlos así rodando a carcajadas, golpeando puertas y ventanas e intentando escapar debe ser similar a cuando Joe Dante gritó acción en la escena del bar de “Gremlins”. Un entrañable desbarajuste.

 

Seguiremos informando Capitán.

 

 

 

 

Diario de a borde: Noche sin dormir

Estimado Capitán:

Esta noche la hembra terráquea y yo no hemos pegado ojo. Es lo que tiene que ser padre múltiple.  Ha sido la peor noche desde el advenimiento de los lechones. Le voy a ser sincero. Había escuchado leyendas sobre eternas noches sin dormir, pero hasta este momento no nos había ocurrido nada parecido.

Verá uno de ellos, Antón Jr. está acatarrado, dos velas líquidas  bajan por su nariz, perfilan sus labios y desembocan en su barbilla. Sus ojos están acuosos y un poco rojos. Parece que acaba de llegar a casa de un after. Y está muy incómodo y cuando los bebés están incómodos lloran a mandíbula batiente.

Y así estuvimos toda la noche. Aquí le pasó el resumen de actividad que me pidió.

00:00 No logran dormirse. Tomás está a punto, pero Antón no para.

01:00 Tomás se queda dormido. Antón sigue llorando, a veces se tranquiliza, pero es solo un espejismo como cuando crees que te mira la camarera guapa, pero en realidad no. Te haces ilusiones vanas.

02:00 Antón Jr. por fin se duerme.

02:03 Tres estornudos rompen la noche. Antón se vuelve a despertar.

02:10 La hembra terráquea y yo juramos en arameo. Hine mah tov umah na’im.

02:15 Le damos la Apiretal. Como buen paciente la escupe. Sigue llorando.

03:00 Los lloros no paran. La conversación que tenemos mi mujer y yo es todo lo contrario a la siguiente.

—Uy que a gustito se está así.

—Sí, que noche más genial. Además ardo en deseos de ir a trabajar. ¡Aún quedan cuatro horas!

—Qué guapa estás amor.

—Pues anda que tú, jamás había conocido a nadie tan atractivo y fértil.

—Vuelve a llorar el niño, ya me ocupo yo.

 

03:20 Antón se relaja. Lo metemos en la cuna. Paz.

03:45 Ella consigue dormir. Yo me desvelo.

03:50 Antón arranca de nuevo con su lloro. Camarón es un flojo a su lado. Su madre se despierta. Impotente y de nuevo muy atractiva. Lo traigo de nuevo a la habitación por voluntad propia.

03:56 Se despierta Tomás.

04:00 Les preparamos un biberón. Es el denominado biberón “A ver si así…”

04:06 Tomás está feliz. Me mira fijamente. Es James Dean con chupete. Su madre y yo notamos que se ha despertado hablando en otro idioma. No es el idioma natural de un bebé español. Es como si fuera una mezcla entre un japonés y R2D2. Nos damos cuenta que toda resistencia es inútil y nos unimos a la fiesta.

05:30 La cosa sigue igual. El japonés no para y Antonciño parece Massiel de resaca. Esto es una pesadilla. Se nos cierran los ojos y estamos algo irascibles.

—Guapa

—Guapo tú. Camelador.

06:00 Por fin se duermen. Y nosotros también.

 

Puede que haga gracia, pero no es divertido. Es agotador. Aún así al verlo llorando, tan rojo, débil e indefenso, pensé en una cosa que siempre me decía mi madre cuando estaba enfermo: “Si pudiera me cambiaba por ti”. Yo pensaba Capitán que estaba loca. Pero no. Pues eso es justo lo que pensaba yo ayer. Y eso que solo es un catarro. Hay un hacedor de canciones en este planeta llamado David Summers que no podía haberlo descrito mejor en su canción “Multiplicados por nueve”. Dice así…

Yo te pido si es que existes,
Que me duelan sus dolores,
Multiplicados por nueve.

Yo te pido si es que puedes,
Que me quebren sus fracturas,
Y que me suba su fiebre.

Que me de sus malestares,
Su escayola, su jaqueca,
El dolor de sus muñecas,
Casi blancas, casi solas,
Su adicción a la tristeza,
Que me duele mas que nada,
Yo te pido por la almohada,
Donde apoya su cabeza.

Que el mar, entierre su miedo en mí,
Que no llore mas, que no tenga que sufrir.
Que la soledad, no me deje a mi dormir,
Y que el dolor de sus latidos, se mezcle con el mío.

Yo te pido si es que puedes,
Que me duelan sus dolores.
Multiplicados por nueve.

 

Pues eso Capitán. Que me duela todo a mí.

 

Buenas noches. (No es un decir. Es un deseo).

 

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