Un no-peatón en Fraggle Rock: Premio Habitat de la ONU

El centro del Universo es sin duda un lugar maravilloso excavado en la roca llamado Fraggle Rock.

Se trata, amigos, de un núcleo urbano de algo más de 83.000 habitantes al que unos señores muy importantes la han dado un premio internacional más importante todavía. El trofeo se lo ha dado la ONU, así que los políticos de Fraggle Rock tienen que usar una crema para relajar el ano, ya que la ONU es mucha ONU y estar “nominado” hace que vayas con aquello muy tenso. Eso sí, una vez te dan el premio y lo petas ya caminas con el pecho henchido de orgullo. ¡Menudo reconocimiento! Propios y extraños se alegran de que nuestra ciudad cope titulares con una noticia de este calado, pero solo los que vivimos aquí, en Fraggle Rock, sabemos que este cuento de hadas no es exactamente como parece.

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Vamos por partes:

El prestigioso galardón mundial reconoce la contribución del modelo urbano de la ciudad para mejorar las condiciones de vida, dice un titular.

Fraggle Rock ha sido reconocida, sobre todo por sus mejoras en accesibilidad y movilidad. Al parecer es la ciudad más cómoda para vivir de Europa. No lo digo yo, lo dice la ONU y si lo dice la ONU que ya sabemos que tiene una delegación viviendo en Pontevedra desde hace años pues habrá que callarse.

En Fraggle Rock, aunque la ONU no lo sepa, no solo vive gente joven con ganas de caminar, también hay gente mayor que vive lejos del centro (lejos no es una cuestión de distancia sino de edad y salud, no son lo mismo 500 metros para Javier Gómez Noya que para una persona de 65).

En Fraggle Rock, aunque la ONU no lo sepa, no solo viven peatones, también vive gente con coche que tiene el derecho, ya que paga un impuesto de circulación, a circular… y aparcar. Las posibilidades de encontrar un aparcamiento libre son las mismas que las de toparse un concierto acústico de Bon Jovi en plena Oliva. Si usted es propietario de un coche en la ciudad, y no se dedica a cargar y a descargar como los Currys, lo tiene muy complicado y su única opción se reduce a perder 30, 40 minutos de su preciado tiempo o acudir a los servicios de un parking y… aflojar.

En Fraggle Rock, aunque la ONU no lo sepa, el coche es muchas veces obligatorio ya que llueve una media de 140 días al año, una de las más altas de todo el país.

En Fraggle Rock, aunque la ONU no lo sepa, no hay transporte urbano. Lo hubo, pero no cuajó. Los usuarios se quejaban de los itinerarios, de los horarios (pero bueno, ya sabemos la maldita manía que tenemos los ciudadanos de quejarnos).Llegó un momento en que los que mandan en Fraggle Rock no lo vieron necesario, ni rentable. Ojo a la palabra: Rentable. Si ese es el criterio para nuestra comodidad vamos listos. Deber ser más rentable levantar las aceras, para ponerlas otra vez claro, pero si la ONU dice que mola…

Esta obsesión por quitar y poner me recuerda al legendario señor Miyagi de Karate Kid: “Dar cera, pulir cera”. Y así toda la vida.

Es verdad que alguna vez se apostó por las bicis, pero tampoco cuajó. La idea era buena, pero estaba horriblemente planteada. No sería rentable.

Yo propongo los drones.

Este mismo mes, y también en Dubai, un grupo de chavalas gallegas, majísimas por cierto, se llevaron el tercer premio en el concurso “Drones for Good que premia la creación de aplicaciones novedosas sobre tecnologías ya existentes. Estas estudiantes de la Escuela Universitaria de Diseño Industrial de Ferrol decidieron aplicar la tecnología dron al transporte de órganos para transplantes. ¿Qué, como te quedas? Eso sí es una buena noticia. Salvamos vidas y además ya tenemos la solución para los problemas de los no-peatones en Pontevedra: TeleDron. Ya que los autobuses nada, el trole pasó a mejor vida, las bicicletas tampoco y los coches menos…el futuro son los drones. Un dron que te pilla en casa y te deja en el Hipercor. Así iríamos colgados por el aire para hacer recados, historias y movidas, que son las tres cosas que se hacen en la calle.

-¿Me manda un dron por favor? Tengo que ir a Capri.

-Enseguida. Le recogerá en 2 minutos en las ventana del baño.

Y todos contentos.

Vaya…me acabo de dar cuenta de que tampoco valen los drones. No son rentables.

Ojo, tampoco nos volvamos locos que una vez hubo un fraggle que optaba a la alcaldía y quería hacer un metro ligero. Tiene que haber un equilibrio entre la nada y un metro ligero. Claro que en sus propuestas a este hombre solo le faltaba traer EuroDisney a Monteporreiro. Menos mal.

A pesar de todo esto, la ciudad se llevó el premio en Dubai y eso está muy bien, pero queda mucho por hacer. Así que igual no procede que el mandamás de la ciudad diga eso de: vamos a celebrarlo. No tiene motivos reales salvo el autobombo. No ha ganado un Mundial, no es una copa y aunque lo fuese, como ya hemos señalado, no tendría autobús urbano para darse el baño de masas por las calles de la ciudad. Tendría que hacerlo en un coche, descapotable eso sí, para lucir palmito y premio.

Imaginen la escena: El alcalde de Fraggle Rock recorre el trazado de la ciudad, su trazado, su ciudad…

Zarandea orgulloso el trofeo con las dos manos, saludando a los peatones que, orgullosos, han salido a tomar algo al Tío Gilito para celebrarlo. El murmullo del pueblo se hace cada vez más fuerte, menos murmullo y más algarabía. ¡¡¡La ONU!!!!  El alcalde reparte caramelos con sabor a marisco, saluda a las cientos de personas que le jalean desde las escaleras de la Peregrina. Una triunfal marcha suena por los altavoces. Nuestro protagonista alza una vez más el internacional galardón hacia el cielo de la Herrería como un Sergio Ramos cualquiera mientras la multitud le vitorea. Los ojos se le llenan de lágrimas. Extásis es la palabra que define ese momento. Tanto es así que el conductor se despista y…

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Nuestro alcalde encajado en las escaleras que hay delante del Savoy. Accesibilidad y movilidad.

Tendrá que reflexionar y ver como puede integrar “a todo el mundo”  en su modelo urbano y si, como es el caso, su modelo va orientado a los peatones, al menos poner medios para que los demás también estemos orgullosos. Resumiendo: ni el modelo urbano de Fraggle Rock era tan malo como decían algunos antes, ni es ahora tan bueno…por mucho que diga la ONU.

Tengo un amigo con diversidad funcional que me dice que la cosa está mejor: “Esta preparada pero aun tiene que pulir detalles; suelo publico bastante bien pero empresas privadas y baños bastante en pañales…” Mi colega me dice que ciudades tan accesible como Fraggle Rock muy pocas. Pues si me lo dice él que va en una silla de ruedas…minipunto para el alcalde.

Creo que hay mucho que mejorar y poco que celebrar. A este artículo de Alfonso González me remito.

http://pontevedraviva.com/opinion/1553/dubai-premio-concello-pontevedra-fernandez-lores-alfonso-gonzalez/

Salud hermanos.

PD: Voy a secuestrar un par de niños para dejarlos en la Peregrina y despreocuparme de ellos…como es todo peatonal da gusto.

 

Señores de la ONU:

NO SE PUEDE dar un premio que lleva la palabra HABITAT en su nombre a una ciudad que tiene una fábrica a pie de ría. Que hay que explicaros todo.

 

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Madres 2.0: de WhatsApps y frailes

Y llegó un día en el que las madres del mundo decidieron renovar su tecnología sin consultarnos a nosotros, sus hijos: los principales afectados.

Ese día, que muchos pensábamos nunca llegaría, ya está aquí. Antes la vida (tecnológica) para las madres era mucho más fácil: dos o tres canales de televisión, un teléfono fijo y poco más. Así era en los ochenta, incluso en los 90, pero llegaron los móviles y todo cambió. Desde que existe el Whatssap nadie se independiza al 100%.

Pero el sistema de mensajería más importante del mundo, con permiso de LINE (risas de sitcom) no ha cambiado para nada su manera de dirigirse a nosotros…son las Madres 2.0, son armas de comunicación masiva.

Es más: ahora tienen una prueba escrita, que podría ser determinante en las siempre elegantes discusiones de:

-¡Te lo dije!

-¡No, no me lo dijiste mamá!

-Sí. Sí que te lo dije.

-¡Te mande un Whatsapp!

Te han pillado macho.

Antes del Whatsapp (A.W.) era su palabra contra la tuya, pero ahora hay pruebas escritas de las órdenes, recados, peticiones, consejos, citas: vamos…la pesadilla de un porrero. El primer contacto con el móvil suele ser traumático. Es como darle un colador a una jirafa, pero poco a poco ( y cuando digo poco a poco, me refiero a muy, muy poco a poco) le van pillando el rollo.

Las madres 2.0 no han perdido la capacidad de comunicar por WhatsApp sobre dos temas totalmente inconexos en una sola frase, una habilidad que se sigue investigando. En algún lugar del mundo están experimentando con madres para ver como son capaces de ser tan multitarea. Y os pongo un ejemplo:

Un batería tiene que trabajar durante años la coordinación, la independencia de sus extremidades para poder hacer todos esos movimientos a la vez, bien pues mi madre es el batería de Police de los WhatsApp. Coordinación 10 para hacer, escribir o hablar de historias que aparentemente no tienen relación.

Por ejemplo, esta semana:

Estoy en el trabajo, un programa de televisión en directo de casi dos horas. Ella sabe que estoy currando, pero aún así debe pensar que es un trabajo de broma (claro, como soy guionista y la gente se piensa que los guionistas nos inventamos chistes pues venga…no va a estar haciendo nada importante). Si fuera neurocirujano por los cojones me iba a llamar si supiese que estoy operando.

En realidad, sí que hago chistes y a la hora del programa estoy sentado en una banqueta, pero bueno ella eso no tiene por qué saberlo.

A lo que vamos…suena el móvil. En ese momento estamos con el tema de la semana en Galicia: el extraño caso del fraile travieso, fraile caliente o fraile follador, dependiendo de la información y las fuentes que uno maneje. Os resumo: se trata de la escabrosa y tórrida historia un fraile que se levantó la sotana para enseñarle la salvación a una chica de 17 años que, cegada por la fe, consintió las relaciones  y se estuvo salvando con don José durante 7 meses seguidos. Unos dicen que a cambio de dinero y otros que no, que le daba para Ikea. Yo que sé, un sindiós de cuidado. Ya dirá el juez lo que tenga que decir.

Total: Que una madre 2.0 leyó los Whatsapps entre la chica y el cura, la noticia salta, las sorpresa cala hondo (no hay precedentes en la tierra de relaciones entre curas y menores, novedad total) y toda Galicia comienza a rumiar el tema. En medio de esa orgía informativa de fe, actualidad y pecado me llega el mensaje de mi madre:

“Estoy viendo al cura mañana llama a Tere que es su cumple”

Y al carallo.

En ese momento no puedo evitar pensar que los mensajes del cura con la chavala debían ser algo parecido: un crisol de temas sin sentido.

“Reza tres Ave Marías y te pillo a las nueve donde siempre. Amén “

Leo el mensaje de mi madre y me parece bien . Se está integrando en la sociedad de la información del siglo XXI. Olé sus ovarios.

A.W. no había nada. Ahora un mundo nuevo se abre ante ella y sus amigas. Por ejemplo, los mensajes en cadena…perdón, los malditos mensajes en cadena. Eso sí que se merece una penitencia seria.

Hoy mismo, a las doce de la mañana, me llega esto:

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Al menos reconoce que sí, que lo está. Bien pues nada, Romero, Romero que salga lo malo y entre el dinero. Anda que no he tenido yo broncas con ella por el tema del dinero. Mi postura, llamadme soñador, es que el dinero no es tan importante y después de discutir y abordar el tema una y otra vez, argumentando el porqué de mis pensamientos… hacía lo que debía hacer un buen hijo en el paro: pedirle 20 euros para copas . “Te prometo que te los devuelvo mañana, mamá”.  Trola indigna, pero eficaz.

Las madres 2.0 del mundo tienen el poder.Ellas dominan. Olvidaos de los hackers o de los grandes cerebros de Silicon Valley. Ellas son la que tienen la sartén por el mango y espero que sea por muchos años. Aunque a algunas el corrector les juegue malas pasadas. Por ejemplo esta otra madre de una gran amiga:

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Gramática perfecta. Dos temas inconexos y dos preguntas y todo eso en tan solo dos líneas y media, lo cual constituye un récord sin precedentes.

Mandadles ahora vosotros un WhatsApp inesperado, cariñoso a vuestras madres para decirles lo mucho que molan que a veces nos manden imprimir un mail para luego escanearlo, por tenerlo. Decidles hermanos, que las queréis y que esperáis con ansia sus mensajes absurdos, bipolares y llenos de contenido.

De qué mandan los padres por WhatssApp hablamos otro día, que ahora me da la risa.

¡Salud hermanos!

 PD: Un amigo íntimo se me quejaba de que su madre, viuda desde hace 10 años, había creado un nuevo grupo de Whatssap llamado “Familia”.

Es hijo único.

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Depor-Celta

Hoy se juega el clásico gallego por excelencia: Deportivo de La Coruña vs Celta de Vigo.

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Hay pocas cosas más gallegas.

El Celtadepor (¡Deporceltaneno!),así todo junto, es el equivalente futbolístico a tomar pulpo de primero y callos de segundo. La gente se vuelva loca y esa clásica rivalidad, esa inexplicable inquina de toda la vida vuelve a aflorar.

Mi familia es del Deportivo y mi padre se encargó desde que los tres hermanos eramos muy pequeños de inculcarnos ese amor por los colores de su ciudad. A pesar de sus esfuerzos no tuve clara mi orientación (futbolística) hasta que un día me di cuenta de que el fútbol… básicamente me la pelaba. Pero eso fue ya “de mayor”.

Viajemos en el tiempo…

1983 Lo que mola es Maradona, me hago del Barsa y pido el uniforme por Reyes. Me traen la del portero. Malditos reyes disléxicos. Si no están ya para leer cartas que se jubilen y dejen paso a las nuevas generaciones. Mi padre, que es del Depor, intenta convencerme de que Vicente mola más que Diego Armando Maradona. No lo consigue. Mi abuelo, que es de Calo (Santiago) es del Celta y me habla de un tal Chuco, un suplente. Tengo ocho años, pero creo que a mi abuelo le falta psicología infantil. Para un niño la palabra “suplente” es como una cruz para un vampiro. Mi abuelo se da cuenta de su error y me habla de Maté, el portero. Pffff…un poco mejor. Ahí casi caigo, lo cierto es que Maté molaba.

1986 Lo que mola es Butragueño, el Buitre, así que me hago del Madrid y pido la equipación por Navidad. Vamos que me hago un Figo, antes de que Figo fuese Figo. Los Reyes de Pontevedra me traen el uniforme del Depor en La Coruña y los Reyes de La Coruña (allí viven mis abuelos) me traen el del Celta. Esto, por definición, es una paradoja implosiva, solo ahora me doy cuenta de lo cerca que estuvo el Universo de desintegrarse sobre sí mismo. Me hago del Real Madrid porque me cae bien un jugador, Gallego se llamaba, que después de recibir una falta pilló el balón y lo hizo girar sobre su dedo índice como si fuera una pelota de baloncesto. Parecía un tío guay así que me volví merengue.

Eso se llama criterio.

De todas formas cuando me preguntan yo digo que soy del Depor y del Madrid.

Y así fue pasando mi adolescencia. Hasta que a mediados de los 90…

 14 de mayo de 1994

Hace tiempo que tengo el “criterio” suficiente para saber que soy del Depor. Soy un rebelde. Pienso en como se han refinado mis gustos mientras escucho lo último de Roxette. Paso de seguir al rebaño. ¿Real Madrid? ¿Barcelona? ¿Qué se me ha perdido en esas ciudades? Prefiero que me represente un equipo de mi tierra formado por brasileños. El brasileño escuchado se parece al gallego hablado cuando uno se toma un poco de speed y dos chupitos.  Así que a a mi me vale. Bebeto es el Rey, Voro, Ribera, Claudio…hoy podemos ganar la Liga.

Último minuto, penalti a favor del Deportivo. El corazón se me va salir por la boca. Nos abrazamos, pero mi padre pide calma a grito pelado. Parece Tejero en el Congreso.  Djuckic es el encargado de tirarlo. Si este cabrón acierta seremos campeones de Liga. En Vigo, mis amigos Shop y Uvas, hacen vudú, y en Coruña miles de personas contienen el aliento. Aquellos que sufren del corazón dejan de ver la pantalla, pero se fuman un cigarro de una calada. Los hombres de mi casa: mi padre y yo ( mi hermano es otro tema) descubrimos que tenemos los testículos retráctiles. Los tenemos guardados en el perineo por la tensión. Mi hermana es muy pequeña para tener testículos, pero lo vive a su manera. Mi madre grita para que nos tranquilicemos mientras mi padre le grite a ella para que no nos grite. Más de una guerra empezó así. Todos gritamos.

Todos menos Djuckic.

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Djuckic está acojonado y mi padre en cuanto le ve la cara dice: “Lo va a fallar”.

Pienso que mi padre siempre tiene razón, pero le digo que no, que esta vez se equivoca. Miroslav lo va a meter.

Djuckic chuta y…

A tomar por saco. Hubiese sido mejor que lo tirase uno del Valencia. Holocausto emocional.
Desde mi casa en Pontevedra escucho los gritos de júbilo de los del Celta. Me van a vacilar mucho. Para siempre.

Dicen que ningún deportivista vio lo tres segundos después de aquella parada. Y es que todos hicimos lo mismo que Djuckic: taparnos la cara con las manos.

A mi y a mi padre ( mi hermano es otro tema) se nos bajaron los testículos de golpe. De hecho recuerdo que sonó así: “plof”. Mi padre se disculpó y dijo que tenía que ir al jardín. Empezó a dar vueltas alrededor de un árbol. Creo que estaba llorando. Supongo que pensó: “Si no fue de está, no ya no voy a verlo”. Se equivocaba, pero eso aún no lo sabíamos.

Hoy todas estas cosas vuelven a mi memoria. El viaje en tren con mis amigos para ver el Depor-Celta que inauguraba una Liga ya lejana, los partidos entre Pontevedra y Depor en Pasarón. Los piques con mis amigos del Celta…

Hoy tengo la excusa perfecta para dejarme caer por casa de mi padre y revivir aquella tarde en que DJUCKIC LO JODIÓ TODO.

Disfrutad del partido. Sed buenos. Putead al del otro equipo con la retranca que nos caracteriza y después brindemos juntos con una Estrella y como dijo Gadis, aquel famoso bailarín: “Vivamos como galegos”. Qué gane el mejor, pero no me digáis tanto unos como otros que no molaba más que empatasen a nueves.

 

 

Creo que el Celta va a marcar y apuesto a que será este el jugador que lo consiga. No soy muy futbolero y desconocía que se había pasado al fútbol.

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¡Salud hermanos!

 

 

Cosas de abuela

Deje que te cuente para que tú veas…

Así empezaba la canción de “Wilfred y la Ganga” que en 1989 sonaba en las discotecas de medio mundo. Yo, en 1989, no iba a discotecas, pero tenía unos amigos malotes en Placeres que como tenían cuatro pelos en el bigote (y dos en los huevos) se colaban para después restregarme su aventura.

-Hemos estado en la discoteca de Marín bailando “La abuela”.

Suertudos.

Un malote de 1989 hacía eso: colarse en las discotecas, robarle cigarros a sus padres y bailar “La abuela”.

Ayer estuve con “La abuela”, la auténtica.

Matilde tiene 96 años, pero aparenta 95. Ahora esta muy arrugadita y con el pelo blanco, consumida y aguantando lo que le quede. Apenas tiene fuerza para hablar y me da pena verla así y es que (esto que no salga de aquí) mi abuela era una mujer de mucho carácter. Me acerco, le doy un beso y la vacilo un poco, pero ella ya no se entera. Hace años me hubiese dicho: ¡Ay que informal eres Antonciño! Y es que la abuela…era mucha abuela.

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1987, fin de año

Soy un preadolescente. A mis casi trece años me parece un insulto que me sienten en la mesa de los pequeños, pero ellos, “los mayores”, lo vuelven a hacer. Ya me empiezan a quedar grandes las piernas para esa mesa de enanos. Mis hermanos y mi prima hablan de chorradas que no me interesan: dibujos animados, muñecos y tonterías así. Inmaduros. Maldita mesa de infantiles.

Abro mi tebeo de SuperLópez por el segundo capítulo, para abstraerme de tanta estupidez. La voz de mi madre me saca de la lectura.

-Antón, por favor, no se lee en la mesa.

-Vale mamá.

Se lo digo, pero no le hago caso, últimamente estoy muy rebelde, como decirlo…muy Kirk Cameron.

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Retomo mi lectura, pero nada. Me aburro como un árbitro en una biblioteca y solo espero que lleguen pronto los regalos. La abuela siempre se enrolla.

La gente se sorprende cuando explico que en mi familia el día grande de los regalos es el 31 de diciembre. Tiene una explicación lógica: es cuando estamos todos juntos.

Mi padre hace acto de presencia:

-Antón, por favor, no leas en la mesa.

Cierro otra vez, pero dejo el dedo gordo como marcapáginas. Menudo soy yo.

 

Este año he pedido una batería. No me la van a traer, pero es que hace un mes decidí que si realmente quiero entrar en “Europe” tengo que aprender a tocar algo.

La cena pasa deprisa entre discusiones, gritos, marisco, croquetas y los eructos de mi abuelo, que siempre está igual el tío.

Uno de los primeros regalos nos lo da Sabrina a todos. En realidad son dos regalos, a mi tío se le cae la baba y el abuelo hace como que no mira, pero yo sé que sí. Un brillo en su ojos le delata y la abuela da una colleja. Otro eructo. Lo interpreto como un: a tu salud Sabrina.

Los regalos van desfilando: Juegos, los muñecos de Secret Wars, un muñeco hinchable imaginario para mi hermano…

-Antón, ¿y tú qué nos has comprado a nosotros?-pregunta mi tío.

-¿Yo?

Me han pillado. Solo me queda una baza, rastrera sí, pero es la única.

-Pero si solo soy un niño- digo con cara de pena y mi mejor mirada de perro pachón.

Mi abuela me toma la mano y me dice que aún falta un regalo. Qué raro. Suelen estar todos juntos. Salimos hacia el rellano y me dice que suba las escaleras que llevan a dónde está la maquina de los ascensores. Subo intrigado y allí hay cuatro cajas que se me antojan gigantes. Mi abuela tiene la sonrisa puesta en la boca.

-¿Qué será Antonciño?

-No sé abuela-  digo nervioso.

-¡Pues vete a abrirlas! O mejor aún llévalas al salón y las abrimos allí.

Esa operación me lleva 30 segundos, abro la cajas y …no me lo puedo creer. ¡Una batería!

El jolgorio que se monta no tiene precedentes. Mi tío me ayuda a montarla y me explica qué es la caja, las baquetas, el charles (que no tiene por cierto) y empiezo a aporrearla. Mi felicidad contrasta con la cara de Bogart de mi padre que se está cagando en la puta. Una pierna cruzada sobre la otra y con cara de mala leche. Le lanza una transparente mirada a mi abuela en la que le increpa: ¿Cómo se os ocurre comprarle una batería al niño? Y mi abuela, que menuda es ella, le responde con otra mirada que dice inequívocamente: Calla o te corto los huevos Manuel José.

Fue la Navidad más feliz de todas no os voy a engañar. Por Sabrina y por la batería.

Mi abuela venía a verme al colegio cada vez que tenía que ir al oculista y pasaba por Pontevedra. Me dejaba cajas de Huesitos y una propina (muy generosa). Durante la carrera nos mandaba por medio de una amiga cajas repletas de comida (empanada, tortilla, chocolate, yogures…que se comía mi hermano Paco Biosca) y una buena propina que me salvó la vida en más de una ocasión. La abuela siempre estaba pendiente.

La abuela sigue pendiente de todo, pero ya no da para más. Otro día os cuento más de mi abuela.

Cuidad a las vuestras.

Por último una anécdota:

Eran los 90. El Depor la estaba liando en la liga y allí que nos fuimos tres amigos y yo a ver el partido. Daré nombres falsos: Fubi, Norber y Mariño. Creo recordar que eramos los cuatro.

Antes del partido pasamos por casa de mi abuela que pretende que tomemos un cocido para merendar. Yo le presento a mis amigos y para meterme con Norber (los chavales en los 90 eramos así de simples, disculpad gays del mundo) le digo:

-Abuela y este es Norber que es gay.

Mi abuela hace como que no oye, pero sigue sacando comida que aquello parecía una boda vasca. Al final empezamos todos a picar, todos menos Norber que no se anima. La frase de mi abuela fue:

-¿Y el mariquita no come nada?

Risas y fundido a negro.

 

Frases de la abuela

¿Merendaste?

¿Qué merendaste?

¿Quieres un yogur?

Come más que no has comido nada.

Toma estos cuartos, no se lo digas a tu padre.

Así vas poco abrigado.

¿Seguro que merendaste?

¿Tienes novia?

Qué informal eres.

Siempre haciendo el payaso.

Come.

¿Estás trabajando?

 

Se aceptan frases de otras abuelas…

¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alvite

Estimado Alvite:
Me entero de su supuesta muerte en medio de la vorágine, urgente y vacía, de una redacción. Los medios publican desconsolados que el cáncer al final (nunca antes) ha podido con usted. Leo que le han “tocado” dos tumores por el precio de uno y que usted escribe que la situación solo es comparable a “encontrar una nécora dentro de una almeja”. Las verdades y los tumores son así, como los gases. Cada uno puede soportar el suyo propio, pero nada más.

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Qué ingenuos los medios. Usted a mí no me la pega. Sé que en este mismo momento se está usted sirviendo un buen lingotazo en la barra del Savoy mientras lee sus necrológicas. Rie a mandíbula batiente, busca el mechero palpando los bolsillos de su camisa y se enciende un cigarro. Fuera comienza a llover, pero usted no se da cuenta. Normal. El volumen de la orquesta del Savoy no le deja escuchar. Siguen siendo malos a rabiar, pero tocan con corazón, como lo hacen los perdedores. Pero eso usted ya lo sabe.
“Afinados con una granada de mano”, solía escribir. Aun así esa banda sonora de ferretería forma parte del encanto del lugar. Sin esa orquesta el Savoy no sería lo mismo, aunque a muchos les ponga de peor humor que una puta mal pagada.
En definitiva amigo Alvite (le llamo amigo por no llamarle maestro) salga de su escondite que usted bien sabe que eso de la muerte es un invento trasnochado que no afecta a genios ni a locos y seguro que usted tiene algo de ambos.

Solo hay que ver la foto que ilustra este artículo.

En caso de que la noticia de su muerte sea cierta le echaré de menos. Las columnas no se sostendrán, serán menos sin usted.

Un cordial saludo.

PD: Recuerde comprar una pistola para protegerse. El infierno está lleno de maleantes, pero el cielo está lleno de cabrones, tan malos como los del averno solo que más listos. Consiguieron engañar al mismísimo  Dios.
Le recomiendo una Smith & Wesson de 9 mm. Recuerde apuntarle a los ángeles en la entrepierna si se ponen pesados con el arpa. Digan lo que digan… no falla.

Cowboys y fantasmas (IV): Fantasmas

FANTASMAS

Crazy Jim podía observar como su cuerpo lleno de polvo y sangre era retirado de la calle por el sheriff y el enterrador en cuestión de segundos. Desorientado por su nueva dimensión tardó algo más de la cuenta en darse cuenta de que estaba muerto. Flotando en el aire se acercó a los hombres que habían metido sus restos en un saco y gritó que no hiciesen eso, que seguía vivo, pero parecía que nadie le escuchaba ni se percataba de su  presencia.  El forastero lanzó una rápida mirada a los vecinos del pueblo y vio como el barman que la noche anterior le había invitado a esa copa que nunca se tomaría  negaba afligido con la cabeza, mientras se hacía la señal de la cruz en la frente. Se puso delante de él, le pasó la mano por la cara e incluso intentó golpearle pero nada de aquello funcionaba. Era un ente, un espíritu…un fantasma. 

El vaquero comprobó que otros dos hombres se hacían cargo del cuerpo de Wild Billy, su bala le había perforado el cráneo, y no pudo reprimir las lágrimas y una risa nerviosa por lo estúpido de la situación. Se sentó en las escaleras del salón mientras el bullicio se volvía a apoderar del lugar y los hombres le atravesaban para tomarse una copa en honor a los caídos  Dos hombres muertos por ver quien era mejor, más orgulloso y más rápido. A todas luces, una soberana estupidez.

─ ¡Hey forastero!

Al principio Crazy Jim no se dio cuenta de que él era el forastero así que Wild Billy tuvo que repetirlo una vez más.

─ ¡Tú…el fantasma!

La voz del hijo del diablo era más aflautada de lo que Jim hubiese imaginado nunca, casi cómica.

─ Parece que nos hemos metido en un buen lío ─ añadió Wild Billy.

El otrora amenazante cowboy flotaba a treinta centímetros del suelo y a pesar de ser un fantasma parecía más humano que nunca. Había algo distinto en él.

─ ¿Qué se supone que debemos hacer ahora?─ preguntó Crazy Jim.

─ La verdad es que no tengo ni la menor idea. Estoy tan perdido como tú.

─¿No deberíamos estar en el infierno o algo así?

─Bueno forastero, mira a tu alrededor. El infierno no debe ser mucho peor que esto. Vivir en este sucio pueblo para toda la eternidad se me antoja un castigo bastante adecuado. Crazy Jim intentó coger una piedra del suelo, pero sus dedos la atravesaron.

─ Quizás estemos condenados a vagar por este pueblo hasta que consigamos la redención de alguna manera.

─ Quizás.

─ No hablas como un asesino Wild Billy.

─ No soy un asesino.

Crazy Jim levantó la cabeza y estalló en una carcajada que solo Wild Billy pudo escuchar.

─ Ya veo ya…y yo soy la prueba de ello.

─ Seguramente soy menos asesino que tú.

─ ¿Menos asesino? ¿Qué quiere decir eso? O eres asesino o no lo eres.

─ ¿Tú a cuántas personas has matado en tu vida?

Crazy Jim bajo la cabeza y se caló el sombrero.

─ A dos. Contando contigo, claro. ¿Y tú? ¿Treinta? ¿Cuarenta?

─ Espera déjame contar… ─ Deschamps cerró el puño a unos centímetros de su cara y comenzó a murmurar algo entre dientes mientras iba levantando teatralmente uno a uno los dedos de su mano.─ Si las cuentas no me fallan…

El vaquero seguía expectante.

─ Uno. Contando contigo claro ─ Wild Billy le guiñó un ojo.

Crazy Jim no pudo evitar otra estruendosa carcajada.

─ ¿Uno? ¿Cómo que uno?  ¿Crees que soy imbécil?

─ No, no lo creo. En realidad pienso que yo soy el imbécil y tú el valiente. Por cierto, puedes llamarme Daniel. Daniel Deschamps. Ese es mi verdadero nombre ─ dijo el espectro mientras  ejecutaba una reverencia.

Crazy Jim tenía la boca abierta de par en par y no daba crédito a la historia que Daniel comenzó a relatarle. Ahora ya no tenía miedo, ni frío. Simplemente estaba perdido sin saber qué hacer o cómo actuar. Jim escuchó atentamente cada palabra del actor con suma atención. La incredulidad dio paso a la curiosidad, esta al interés y después ya solo quedaba la simpatía. Jim correspondió el arrebato de sinceridad de su compañero de penas con su propia historia. Quizás no fuese tan exótica como la de Wild Billy, pero era todo lo que podía ofrecer: su verdad. Cuando el reloj de la iglesia dio las seis de la tarde los dos hombres parecían dos viejos amigos que se reencuentran tras una larga temporada.

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Meses después Daniel Deschamps y Crazy Jim intentaban conciliar el sueño tras una larga partida a las cartas, pero los gritos en la parte de abajo del salón (ellos habían decidido ocupar el desván de la parte de arriba del tugurio) llegaron de golpe y les sobresaltaron.

Movidos por la curiosidad atravesaron un par de paredes y llegaron a la estancia principal donde la pequeña orquesta formada por un solo hombre que tocaba el banjo, el bombo, la armónica y cantaba (todo a la vez) había parado de tocar abruptamente y su música fue sustituida por una sinfonía de gritos, golpes y aullidos. Aquello era un auténtico campo de batalla.

Dos hombres se habían enzarzado en una pelea que había contagiado al resto de clientes del salón de Dos Dedos Victory quien permanecía agachado detrás de la barra. Sillas rotas, espejos hechos pedazos y un par de bailarinas que intentaban domar a sus hombres subidas a sus hombros. Jim y Daniel presenciaron la escena como quien asiste a una buena  obra de teatro señalando las virtudes y los defectos de los combatientes. Mira que derecha tiene aquel. ¿Has visto el gancho de ese otro?   

A pesar de que ambos repudiaban la violencia, ambos habían llegado a las siguientes conclusiones:

a) Estar muerto era aburrido.

b) La eternidad era demasiado larga.

Así que aquellas peleas, que se producían cada vez con más frecuencia, eran uno de sus pocos pasatiempos.Un disparo les sobresaltó y todo el escándalo paró de repente.

Uno de los cowboys, el del gancho mortífero, blandía su arma apuntando al techo y, sin mediar palabra, encañonó al hombre que había empezado la pelea.

─ ¡Tú! ─ dijo apuntándole con el revolver. Solo hay una manera de solucionar esto. Mañana cuando el reloj de la iglesia toque cuatro veces uno de los dos morirá. ¿Aceptas el reto o eres un cobarde, forastero?

Una sensación de deja vú se apoderó de Wild Billy y Crazy Jim que se miraron de reojo con una sonrisa en los labios mientras ambos negaban con la cabeza al unísono como si de una coreografía se tratase.

─ ¿Así empezó todo no?─ preguntó Wild Billy.

─ Si he de ser sincero…la verdad es que no me acuerdo.

En el salón, el hombre guardó su pistola y salió como alma que lleva el diablo. El otro se acercó a la barra, bebió su copa de un trago y dejó una moneda encima de la mesa.

Cuando estaba a punto de perderse en la noche Dos Dedos Victory se la lanzó de vuelta  y le dijo:

─ ¡Hey forastero! ¡A esta invita la casa! Tienes reflejos hijo, puede que después de todo aún tengas una oportunidad.

Crazy Jim y Wild Billy conocían de sobre el desenlace de la película. A ambos le gustaría avisar a esos dos chicos que aún estaban a tiempo de echarse a tras, que no valía la pena morir por una trifulca como esa, pero lo único que salió de los labios de Wild Billy fue:

─ ¿Jim?

─ ¿Sí Daniel?

─ Creo que vamos a tener que buscar una habitación más grande.

FIN

Y aquí la canción que inspiró este relato:

Cowboys y fantasmas

Cowboys y fantasmas (III): El duelo y La verdad sobre Wild Billy

Viene de Cowboy y fantasmas (II): La brigada de los seis.

EL DUELO

Según su reloj apenas quedaban cinco minutos para las cuatro de la tarde. Crazy Jim intentaba mantener la compostura a pesar de que el sudor de su frente y un ligero temblor en la mano derecha le delataban. Al menos dos docenas de curiosos no se querían perder el espectáculo y esperaban, bajo un sol abrasador, la llegada de Wild Billy.

Jim hizo un repaso de su vida y se dio cuenta de que en ese momento daría cualquier cosa por volver a estar en los brazos de su mujer, pero ya era tarde. La vida que había imaginado durante estos años se había esfumado hace tiempo. Quiero salir de aquí repetía la canción en su cabeza, pero los pies no obedecían.Ya no había vuelta atrás.

El sonido de un caballo acercándose rompió el bullicio de la concurrida calle. Una figura vestida de negro se acercaba al galope y se paró en seco a unos cincuenta metros de Jim.

Wild Billy bajó de su caballo. Caminaba con decisión y con el sombrero bien calado para que nadie pudiese ver sus ojos aunque a Jim le dio la impresión de que brillaban como diamantes. Sin decir nada Billy carraspeó y escupió en el suelo para a continuación borrar su saliva con el pie y hacer una marca en la arena. Miró su reloj y se colocó en posición: piernas arqueadas y un revolver que a Jim le parecía que brillaba como el mismísimo infierno.

El sheriff hizo acto de presencia dos minutos antes de las cuatro de la tarde y tras dejar claro que este tipo de duelos no eran plato de buen gusto para nadie soltó un: Que gane el mejor y esperó a que el reloj diese las cuatro.

Solo quedaba un minuto.

Fue el minuto más largo de la vida de de Crazy Jim y también el último. La primera campanada sonó y Jim, con la adrenalina recorriendo su cuerpo como un caballo desbocado, intentó enfocar bien a Wild Billy, pero la vista se le nublaba. La segunda campanada resonó en la plaza mientras el hombre de negro acariciaba con tacto el percutor de su arma, por lo demás no se movía, parecía que alguien lo hubiese congelado. Le recordaba a un mimo que había visto una vez en un circo. La tercera campanada redobló y el corazón de Jimmy parecía que fuese a salírsele del pecho. Quiero salir de aquí. ¡No soy un valiente! ¡Nunca lo he sido!

El sonido de la cuarta campanada apenas le llegó como un sueño. No parecía una campanada sino un ruido que le llegase debajo del agua, amortiguado por su miedo. Jimmy desenfundó.

Dispararon a la vez y Crazy Jim sintió el calor en su piel, a la altura de su estómago. Cayó de bruces contra el suelo, pero en ese corto recorrido en que la vida abandonaba su cuerpo logró ver que Wild Billy también se desplomaba y que tenía el rostro empapado en sangre.

Su último pensamiento fue para su mujer.

WILD BILLY

Wild Billy es el hijo del diablo.

Esa era la frase que más se escuchaba cuando alguien cometía la osadía de preguntar por el hombre vestido de negro. A Wild Billy le gustaba el miedo que infundía en el pueblo y llevaba años alimentando su imagen de asesino despiadado. Eso le evitaba problemas, y espantaba a los maleantes. Su trabajo le había costado llegar a ese estatus, la verdad sea dicha, pero había valido la pena. Nadie se acercaba nunca a su propiedad y así podía dedicar todo el tiempo del mundo a lo que realmente le colmaba de felicidad: actuar.

En realidad Wild Billy no era un cowboy, sino un actor, de circo para más señas que había abandonado la seguridad bajo la carpa después de un desengaño con su representante. Lo cierto es que la prometedora carrera de Wild Billy, cuyo nombre artístico era El legendario Daniel Deschamps, se había quedado estancada hacía ya un decenio y tras numerosos desencuentros con su manager, un ladrón de guante blanco, pero ladrón al fin y al cabo, decidió abandonar el inestable mundo de la farándula para siempre.

Así que Daniel cambió su nombre por el de Billy hasta que se dio cuenta que un actor de su sensibilidad y valía no duraría en el cruel viejo Oeste mucho más que un pastel de manzana en la puerta de un colegio. La única manera de sobrevivir entre ladrones, mercenarios y asesinos sería hacer que creyesen que él era el peor de todos ellos. Así que le añadió el Wild a su nueva identidad y pertrechó un par de actuaciones para asegurarse que la gente jamás se cruzaría por su camino.

Durante años se las ingenió para que las historias sobre sus fechorías traspasasen las fronteras del pueblo y así poder vivir una vida tranquila dedicada al estudio de los clásicos:Shakespeare era su preferido. Además Daniel odiaba las armas; le parecían monstruosas (además de incómodas y pesadas), pero de vez en cuando tenía que dejarse ver para mantener viva en el pueblo la llama de su reputación.

Dramaturgo de alta escuela, mimo y escritor, Wild Billy forjó su leyenda alrededor de una antigua obra sin éxito que había leído hacía años en sus tiempos de estudiante.

La brigada de los seis. 

Daniel la adaptó a sus necesidades y pagó una buena cantidad de billetes a un buen amigo suyo, actor de vocación y borracho de profesión, que respondía al nombre de Adam Clatchey para que la contase durante un año entero a cambio de cobijo y bebida.

Aquella idea fue todo un éxito y después de un par de actuaciones más en público (compañeros de su antigua troupe del circo que bordaron su papel de víctimas del despiadado Wild Billy)  el actor nunca más tuvo que preocuparse de posibles sobresaltos.

A veces se disfrazaba de vaquero y se dejaba ver por el pueblo, impasible ante las caras de terror de sus vecinos al verle llegar. Claro que a él le encantaba estar tan creíble en el papel de villano y a veces le costaba que su risa no le delatase en público. Además, Daniel tenía una voz aflautada de soprano que bien podría haber triunfado en más de un teatro de la vieja Europa, así que hablaba lo menos posible y si lo hacía camuflaba su voz entre susurros. Aquello lo hacía más amenazante si cabe a los ojos los demás.

Pero su mascarada casi se había ido al garete hacía apenas 24 horas. Y todo por una tontería. Cada tres o cuatro meses había que recordar a los vecinos la maldad de Wild Billy y ayer, según tenía apuntado en su libreta, era el día señalado. Lo que tenía que haber sido una función rutinaria se convirtió en un despropósito cuando la señorita Pam y ese maldito forastero metieron las narices dónde nadie les llamaba. Ella, borracha como de costumbre, comenzó a golpear a Wild Billy en el pecho gritando que era un canalla y a él no le quedó más remedio que apartarla. No había querido hacerle daño, pero debido a la cogorza que llevaba la joven, no pudo mantener el equilibrio y acabó con sus huesos en el suelo. No fue tanto el daño como la humillación. El forastero intervino, una cosa llevo la otra (no podía quedar en evidencia delante de sus vecinos) y tuvo que aceptar el estúpido duelo para no echar a perder años de duro trabajo.

cowboy gonnes

EL DUELO

Y ahora estaba aquí. Resfriado (no hacía más que carraspear y escupir) y a punto de batirse en duelo por primera vez en su vida. Si huía o no aparecía, la reputación que tanto le había costado esculpir se vendría abajo como un castillo de naipes en un temporal así que muy a pesar suyo no le quedaba otro remedio que dar la cara y para ser honestos…nunca había tenido tanto miedo en toda su vida.

Wild Billy reprimió la tos que llevaba sacudiéndole toda la noche, pero no pudo evitar carraspear. Escupió en el suelo, pero la mitad del esputo impacto de lleno en su reloj. Levanto la vista y vio como Crazy Jim temblaba, suponía que de terror. Sus años de mimo en Francia le habían dado un control casi absoluto de todos los músculos de su cuerpo y de momento conseguía disimular el terror que le apelmazaba las extremidades adoptando su famoso número de la estatua que tantas veces había utilizado para conseguir unas monedas a los transeúntes que apreciaban su arte. Tampoco ayudaba que el pantalón (rescatado de una obra de sus tiempos mozos) le quedase dos tallas más pequeño lo que hacía que caminase con las piernas arqueadas. Otro hubiese parecido un payaso al caminar, pero Daniel Deschamps era un maestro de la expresión corporal y se les apañaba para que ese pequeño contratiempo le diese un aspecto más temible y chulesco.

Cuando la primera campanada sonó Daniel aún guardaba la esperanza de despertarse de repente de esa pesadilla. Sabía disparar el arma, pero siempre había apuntado a blancos inmóviles como latas y botellas, además el hombre que tenía delante le caía bien. Si se hubiesen encontrado en otro lugar, en otras condiciones seguramente se habrían hecho amigos. El forastero se había comportado como un héroe en todo momento durante la trifulca y aunque Daniel vivía por y para el papel, su disfraz no le impidió ver que el hombre era un auténtico señor: educado y valiente, cosa que él agradecía en estos tiempos locos que corrían. La segunda campanada resonó en toda la plaza y Daniel/Billy acariciaba el percutor sin saber si sería capaz de disparar a otro ser humano, pero su vida dependía de que así fuese. La tercera campanada le puso todavía más nervioso, pero se mantuvo totalmente quieto aunque una lágrima empezó a correr por sus mejillas. Era una lágrima de terror y de impotencia que nadie podía ver y que le quemaba la piel. Cuando la última campanada sonó, el actor desenfundó y disparó sin apenas darse cuenta. Lo hizo con una rapidez tan letal que se sorprendió así mismo. Eso fue lo último que sintió: sorpresa.

Sorpresa ante su sangre fría y sorpresa al notar como la bala del forastero le penetraba en el cráneo mientras la sangre le bajaba a borbotones por la cara. Todo se tiño de rojo, Daniel/Wild Billy cayó de rodillas y dejo de existir.

Último capítulo: Cowboys y fantasmas (IV): Fantasmas