Alemaña

Pues resulta que soy alemán y yo no lo sabía. Quiero decir, yo por mis rasgos… alemán lo que se dice alemán no me veo, pero resulta que sí, que soy teutón. Sin darme cuenta estoy celebrando el tercer de gol de Alemania como si de verdad me importase; como si mañana mis problemas fueran a solucionarse como si nada. Reflexiono por un momento y me doy cuenta de que no sé si me alegro de que los alemanes ganen o de que los brasileños pierdan. También me percato de que mechones rubios pueblan mi cabellera. Han aparecido de repente. Supongo que esta fiebre progermana será un movimiento reflejo por la paliza que nos metieron en la Copa Confederaciones, la venganza es algo muy de aquí; o puede que sea porque al ver como juegan los teutones me recuerdan a La Roja, mi Roja, aquella que tantas alegrías nos dio y que ahora está de capa caída.

Escribo esto en el descanso del partido y soy consciente de que en Berlín llevan ya casi media hora bailando samba. Los papeles se han invertido, los alemanes bailando y los brasileños de rodillas profesando un mamading futbolístico que los cariocas no van a olvidar nunca. Puede que dentro de unos años uno se haya olvidado de quién ganó este Mundial, pero nadie olvidará la mano del ger”mano”. Mano como mínimo, porque aún quedan 45 minutos. No sé si quiero seguir viendo esta sangría.

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Los brasileños yacen descuartizados en el césped de Mineirão, en la catástrofe de Mineirão. Lágrimas cariocas bañan las bancadas del estadio mientras los alemanes se menean la bratwurst henchidos de alegría. No es para menos. Neymar tendrá una vértebra rota, pero este Brasil tiene la columna hecha añicos. No sabe por dónde vienen. Me doy cuenta de que he crecido 20 cm. Ahora mido 1, 97.

Y es que esta Alemaña es mucha Alemaña. Tocan el balón, la miman, la duermen, la controlan y además, como siempre, los tíos son unos tanques. Esa es, por cierto la única palabra que sé en alemán: “Tanque” Alemania” (Gracias Alemaña) ¿Por qué? Preguntaréis. Por tomar el relevo de España y dinamitar la soberbia brasileña en su salón.

 

Debe ser una cuestión de karma (Chaparro). Pero bueno, tampoco hay que ser rencoroso. Hay que ser menos picajoso. Es por esto que quiero dedicarles unas palabras a la selección brasileña. Estoy seguro de que le esperan grandes momentos. Ánimo y no os rindáis.

Pero de momento:

Rebota, rebota y en tu culo explota.

Al menos hoy soy alemán. Subo el volumen de la radio y qué ironía suena “A Lambada”.

“Chorando se foi…”

Miro a mi novia y me doy cuenta de que ella también es tan teutona como yo.

─Alemania son los amarillos ¿no?

─Claro mujer, claro. Los morenos con cara de resaca son los alemanes y los altos que parece que lleven un mes sin ir al baño son los brasileños.

Acaba de caer el sexto.
Ahora soy rubio y alto. Me sorprendo poniendo el despertador para que suene a las seis de la mañana. Tengo unas ganas de currar que no puedo con ellas. Vaya…pues casi que prefiero ser brasileño…a partir de mañana claro.

¡Salud hermanos!

 

 

Mamading (o el amor verdadero)

La que se ha montado con el tema este del mamading. Sin duda el nombre tiene algo que engancha, pero a mí no me gusta (me refiero al término). No sé quién ha sido el listo que ha acuñado este engendro, pero se ha lucido.  Aquí, en nuestro país, ya tenemos una expresión que nos viene al pelo tanto por el entorno como por la acción en sí misma. 

Barra Libre.

Y punto. Más castiza, más de aquí.

¿Qué cóño de mamading? (perdonad la contradicción). Palabras raras que se inventan unos indocumentados para poner nombre a una práctica singular que se practica en plural. Yo ya no entro en el tema de si es humillante o no;  de si es ético o no; de si es alimenticio como llevan años asegurando revista científicas como Vale o Nuevo Vale o no. Ahí no entro que me da igual. Cada uno con su cuerpo que haga lo que le venga en gana mientras no moleste (o no salpique). Lo que me enerva es el nombre: mamading.

No se puede ser más gañán.

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En mi época si querías una botella de cava pues la pedías. Si querías una copa gratis, pues te tomabas dos antes y rezabas por haberle caído en gracia a la camarera de turno, pero ahora no.

¡Mamadas por copas!

Debe ser el USA for Africa moderno. Pobre Bob Geldof.

Pero, ¿quién sabe? A lo mejor es una de estas quedadas surge el amor verdadero. Cosas más raras se han visto.

Gurilandia, año 2042 (Conversación 1: versión sincera)

─Abuelita, ¿y tú como conociste al abuelo?

─Pues fue en España en un concurso de mamadas. Lo recuerdo como si fuese hoy. Ahí estaba yo de rodillas dándole lo suyo. Poco después, ya más avanzada la noche, comenzamos a hablar me cayó bien y el resto es historia.

─Pero, abuelita, ¿no debería ser al revés, primero hablar y después lo otro, lo de “felar”?

─Calla hija, ¿qué sabras tú del amor?

 

Guirilandia, año 2042 (Conversación 2: versión falsa)

─Abuelita, ¿y tú como conociste al abuelo?

─En una vacaciones en España cariño, haciendo mamading.

─¿Eso que es abuelita?

─Un guateque hija, un guateque.
Moraleja: se no está yendo la olla. Sin “p”
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¡Salud hermanos!

PD: Políticos españoles aprended del mamading y dejad ya el porculing.

 

 

 

 

Frigosex

Los helados en los ochenta estaban cargados de connotaciones que de aquella se nos escapaban. Ahora ya creciditos y curtidos dan que pensar.

¿Quién los diseñaba? ¿Charo Medina?

Anatomía según Frigo

Sí amigos ya sabéis…Frigo, la mítica marca de helados que junto a Avidesa y Miko colmaba de felicidad y azúcar nuestras tardes estivales.

¡Te falta La Menorquina! Y Kalisse también no te jode. ¡Hablamos de helados de verdad por el amor de Dios!

Frigodedo: helado con forma de dedo. Todo el mundo por la playa chupando la mano de Hellboy como tontos.

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Frigopie: helado con forma de pie (ya hay que ser guarro). La mitad de la playa chupando dedos y la otra mitad chupando pies. Arriba el fetichismo. La cosa podía haber ido a peor y podían haber sacado las frigouñas. Solo les faltaba eso.

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Cosa fea. Algunos no supieron parar y claro…

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Y por último…

Frigurón: helado con forma de…

Friguron

Sin comentarios. Algunos no supieron parar y claro…

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Otros helados como, Calippo,  Twister o el más chabacano, pero más sincero: Pirulo (y al carallo) siguieron la estela de helados tan fálicos como sabrosos.

Pirulo, Negrito…cualquiera de esos títulos podrían ser canciones Georgie Dann.

Georgie Dann no hace canciones hace hits. 

Tenéis razón.

Y así fui creciendo.

Lamiendo.

Si haces un helado con esa forma tan vulgar al menos ponle un nombre original. Yo le llamaría por ejemplo:

John Po (dilo muchas veces y verás que risa).

¡Salud hermanos!

 

Del Minimilk y el Choco hablamos otro día.

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La Roja: con la cabeza bien alta

No soy futbolero.

No soy de esos que se mete entre pecho y espalda un Osasuna- Getafe, ni de esos otros que saben que huevo le cuelga más al lateral izquierdo del Manchester LLunaite. Me parece que los sueldos de las estrellas del balompié son de otro planeta y todo eso, pero me gustan los mundiales y me lo paso como un enano. Puede que simplemente sea una imagen residual de mi infancia, pero cada cuatro años intento no perderme las andanzas de los míos en el torneo de los torneos. Antes seguía a Alexanco, Migueli; después al Buitre y a Michel; más tarde a Luis Enrique y a Hierro; Raúl…la lista es interminable. Y entonces, cuando asimilo que voy a morir sin ver a la selección ganar nada importante van y ganan. Es la misma sensación que se tiene cuando harto de esperar al taxi te enciendes un cigarro y el pimiento aparece de repente.

En apenas cuatro años arrasan con todos y con todo. Manolo (el del bombo), la Carbonero, mi padre, mis amigos, la señora del cuarto, mis enemigos, el panadero…todos saltamos al unísono y nos lo pasamos bomba. ¡Qué orgullo oiga!

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No soy especialmente patriota, pero me gusta que gane España del mismo modo que prefiero que Nadal gane sus partidos, Gómez Noya se imponga en sus triatlones o Nacho Vidal salga por la puerta grande.

Pero en nuestra piel de toro la mediocridad acecha en cada esquina.

El deporte Rey no es el fútbol, no; es la envidia. Hablo de esos que esperan a que te caigas para criticar y pisar. Esos que esperan que fracases para sacar pecho y escupir. Y claro, al final, tarde o temprano uno siempre pierde. Llega un día en que la fortaleza se derrumba y eso aquí no tiene perdón de Dios. El santo pasa a ser un demonio y el gurú un vendedor de teletienda. Ley de vida…española.

Ya lo decía Antonio Banderas:

“En este país parece que hay que triunfar contra alguien”

Holanda nos metió una buena paliza. Y a lo mejor mañana Chile también ¿Y? Que los acribillen por no ganar todo siempre. La lección de humildad me parece que no sería para ellos. De la “presa” deportiva mejor no hablamos. Asco.

En cada esquina salen agoreros que parece que disfruten cada vez que los nuestros muerden el polvo en el campo. Y los argumentos de siempre afloran: que si cobran mucho, es que solo es fútbol…que sí que vale, pero de ahí a mostrar los dientes cada vez que perdemos y disfrutar…esos lo que me dan es pena, pero es solo una opinión.

Chavales de la Roja: si mañana nos volvemos a casa que sea con orgullo, aunque nos vapuleen, aunque se  impongan por goleada. La cabeza bien alta chicos, que habéis hecho historia y eso es más de lo que muchos de esos buitres harán jamás.

Mis ojos se llenan de lágrimas y emoción. Os dejo estos preciosos versos del poeta anónimo que reflejan mi sentir por el combinado nacional (no me refiero al gintonic). Dice así:

“Oe, oe, oe, oe oeeeeeee

oe, oe, oe oeeeeeeeee”

¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

 

Urgencias y velocidad absurda

Así que aquí estoy. De nuevo en Urgencias, casi tres años después de la última vez, con la garganta ordenándome a grito pelado que ni se me ocurra articular un sonido. Cada vez que trago saliva algo se desgarra por ahí dentro y me imagino al enano de Juego de Tronos  con su sonrisa de cabrón y un pequeño puñal que rasga mi amígdala cada vez que esta se mueve lo más mínimo. Quiero que me den pastillacas.

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En cuanto he notado que el dolor dejaba atrás las cotas de lo normal he obrado como el hombre maduro y resuelto que soy y he llamado a mi madre, eso sí, lo he hecho con la dignidad y el estilo que se le presupone a un tío que luce ropa interior con el símbolo de Superman (el logo bueno, no el nuevo, en las crisis no hay que perder la elegancia).

Tiroteo a mensajes al Doctor L1 (Otorrino) y al Doctor L2 (Digestivo) sobre mi situación, mi medicación…sé que a buen seguro no saltaron de dicha y alegría en sus respectivos sillones al ver mis mensajes en plena tarde del sábado, pero bueno, si un día me llamasen ellos a mí para preguntarme cuál fue la formación original de Los Vengadores o para saber por qué Michael mató a Fredo pues…, si me pillase bien (en el baño) casi seguro que también les ayudaría.

Que si tómate esto y lo otro, que si seguro que vuelve a ser un abceso amigdalar… como son médicos amigos me dicen la verdad y no me mienten ni me sueltan patrañas del tipo “Estate tranquilo” o del subtipo “Seguro que no es nada”. Es más, dónde hay confianza da asco y el Doctor L2 al contarle que soy alérgico a la penicilina se permite hacer una observación llena de tacto:

─Entonces estás jodido amigo.

Me doy cuenta de que su diagnóstico (sincero y directo)  no es un tacto rectal anatómico, pero sí que lo catalogaría como tacto rectal mental ya que al decirme eso creo que noto su dedo hurgando en mi culo. De todas formas le agradezco la sinceridad, eso es lo que hacen los amigos de verdad: quitarle importancia al dolor e invitarte a afrontarlo con decisión y valentía. Gracias Lariño (¿ou Liaño?).

El otro Doctor, el L1 no dice tacos y me confiesa que puede ser un nuevo abceso ( él ya me había avisado en su momento  de que podría volver a ocurrirme) y me consigue una cita a ciegas en Urgencias con una otorrina de su confianza. “Te tratará bien”  Este tío es un ángel. Gracias Lede.

De momento lo que tengo no es un abceso, pero sí una amigdalitis de caballo. Eso es lo que pone en el informe (he eliminado la jerga médica y lo he traducido a un lenguaje más común ya que según los últimos sondeos este blog no solo lo lee la comunidad científica). ¡Cuesta de creer ¿eh?!

 

Mira que pasarme esto ahora. Ahora que estoy en plena gira de “Veraneando” y tenemos decenas de actuaciones esta semana. Justo cuando tengo más chollo que nunca. Ahora sé lo que siente un cantante de éxito cuando se pone malo de la garganta en …,un momento…,¡lo he conseguido!¡Soy Bon Jovi! Sonrío al pensarlo y un hilo de baba (muy rockera eso sí) resbala por mi comisura izquierda. Me chutan de todo  para bajar la inflamación y al ver tanta droga a mi alrededor pienso que igual no soy Bon Jovi, quizás sea Keith Richards…,mierda…, a lo mejor soy Melendi. Prefiero el abceso.

Un aplauso para mi madre que me condujo a Urgencias rauda y veloz a 60 km/hora (con picos de 62), en segunda y  señalizando en cada rotonda. Te quiero madre.

Hoy me he levantado mejor, me he tomado cinco pastillacas para desayunar y aún me duele un poco, así que a saber cómo será el bicho que habita en mí. Espero ponerme bien pronto (ya) y volver al Halcón Milenario, la furgoneta que nos lleva de veraneo por toda la geografía gallega a una velocidad que solo podría catalogar como absurda.

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¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entrevistas imaginarias: La sota de bastos

Y es que me acabo de enterar de que Diez Minutos se acaban de inventar un nuevo género periodístico: la entrevista imaginaria.

Y dice así:

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“Recreamos con datos contrastados y testimonios fiables la conversación que podría haber tenido con nuestra revista”

¡Y al carallo oiga!

Me imagino al director o directora de la revista más satisfecho que un Hobbit después de un churrasco, con las piernas estiradas sobre la mesa ojeando su obra maestra mientras piensa.

¡”Entrevista imaginaria”, claro! ¿Cómo no se me  había ocurrido antes?Si es que lo peto.

Y nada… un fiables por aquí, un contrastados por allá y listo: un sacacuartos INVENTADO pasa a ser una entrevista IMAGINARIA.

Igual me la pillo, me la leo y le digo al hombre del kiosko:

─Tenga usted, ahí tiene tres euros imaginarios. Quédese con la vuelta.

─¿Pero de qué habla? ¡Ni imaginarios ni leches, me paga ahora mismo  que ya se la ha leído!─ responde el hombre.

─No hombre no, no se ha fijado bien. HACÍA que leía. Era todo imaginario.

Entrevista Imaginaria. Lo que nos faltaba.

Aunque pensándolo bien, a lo mejor estos caballeros de Diez Minutos son honestos, al fin y al cabo ellos tienen el valor de decirnos: ¡Si quieres cómpranos, pero que sepas que nos lo hemos inventado todo, hasta las comillas! 

Entrevista imaginaria. Espero que no se ponga de moda.

 

Diez Minutos presenta:

Entrevista Imaginaria

Hoy nos recibe en su casa: La Sota de Bastos.

La Sota de Bastos (no quiere que hagamos público su nombre) nos recibe en su pequeño adosado de Villaviciosa de Odón, una pequeña localidad al sur de Madrid. Sota, que así nos ha pedido que la llamemos, nos abre la puerta de su hogar cargando el pesado basto verde en su mano izquierda. La verdad que encaja a la perfección con la imagen que todos tenemos de ella y sería muy fácil reconocerla en un sitio público. Por eso no suele salir de casa.

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Así de cerca pierde bastante y tiene un pinta de gilipollas que no puede con ella. Parece un elfo anormal, pero no le decimos nada para no herir sus sentimientos. Sota nos hace pasar a su salón y comienza nuestra animada charla. Sentada justo en frente de mi, con su brazo en alto sujetando firmemente y con decisión el lustroso y verde basto, comenzamos a conversar.

 

P: Supongo que su profesión, desconocida para el gran público, es bastante sacrificada.

R: Sí, la verdad es que estoy harta de que no se me reconozca, todo el mundo pasa de las sotas. Espadas, copas y oros estamos hasta arriba de vestir así para nada. Hay gente que incluso las saca de la baraja para no vernos. Me parece injusto, a todas luces.

P: ¿Siempre tiene que estar en esa postura?

R: Siempre. Por ejemplo, si voy a buscar un yogur a la nevera voy así, de esta guisa, con el basto en la mano. Si estoy viendo un partido de fútbol en el Plus también tengo que conservar este gesto. Para cambiar de canal es un poco embarazoso, la verdad, pero hago lo que puedo. Intentando cambiar a la 2 me he cargado ya seis mandos en lo que va de mes.

P: ¿Le gusta el fútbol?

R: Mucho

P: ¿Cuál es su competición preferida?

R: Por mi trabajo la Copa del Rey.

P: ¿Y para dormir? ¿Cómo se las arregla?

R: Nuestra cama es de 2,50 para que el basto y yo quepamos bien. Con los años una se acostumbra, pero mi marido lo lleva peor. Cada vez que me doy la vuelta acaba con una contusión, un negrón o algo peor.

P: Creo que una de sus mejores amigas es la chica del logo de Columbia Pictures.

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R: Sí, es muy maja. Nos conocimos hace años en un equipo de voley playa y lo cierto es que hicimos buenas migas desde el principio. Tenemos mucho en común. Nos apuntamos a un curso de Microsoft Word en una academia, pero nos expulsaron porque los profesores nos preguntaban todo el tiempo si queríamos algo. Creyeron que estábamos de güasa y nos echaron. Ni siquiera nos devolvieron la matrícula. Un despropósito.

P: Sota, ya para acabar. ¿Qué es un basto?

R: Ni puta idea hijo, será el palo este verde y frondoso, pero no me preguntes más.

 

Esto es una entrevista imaginaria, y como es imaginario no os la cobro, aunque debería.

¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cine de comedia: Rambo III y primeros auxilios

Si es que hay películas que llevamos años sin saber apreciar. Confundimos el género y entonces la cosa no funciona. Entiendo que si te sientas a ver Rambo III como película de acción, bueno pues vale, te ríes, pero si la ves como una comedia…es entonces amigo cuando se destapa la caja de la risa floja.

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El primer plano de Stallone no tiene precio: sí hombre, ese en el que la cámara se le acerca por la espalda con una música muy buena y de repente… la música para… y  Stallone se da la vuelta mientras luce  esa mirada marca de la casa de “No sé si liarme a hostias ya así en frío o leer a Cela”.

Del pelo ya ni hablamos: parece el hermano anabolizado de Camarón.

Y nada,  que Rambo (para sorpresa de todos) opta por la primera opción (la de las hostias) y ya en la primera escena se pelea con un chino que da más miedo que el de Roxette recién levantado. Hay que reconocer que el oriental tiene valor y es que en esta película Stallone está más cuadrado que un cubo de Rubik, parece que está formado por piezas de Lego.

Como es el bueno le mete una paliza al tipo que lo deja para el arrastre y al final su mirada sugiere (siempre con sutileza) que se lo va a cargar:  se le hinchan las venas del hipotálamo, abre tanto los ojos que parece un buho hasta arriba de farlopa y respira muy rápido…una escena con mucha tensión; los tailandeses le arengan y le dicen en tailandés normativo: ¡Cárgatelo ya nenaza!

Pero Rambo (III) no cae en la trampa, se recompone y deja vivir al colega. Pelea, pero a disgusto, después siempre se arrepiente. Es un alcohólico de la violencia.

A todo esto, hostia va hostia viene, entre el público y muy atento pulula el coronel Truman/ Richard Creena. Truman es un pez gordo del ejército y el amigo del alma de John. Son inseparables como Los Morancos pero con galones. El coronel ha seguido el rastro de su amigo John Rambo hasta ese cuchitril, y el tío se chupa a gusto el combate. Solo le faltan las palomitas y las gafas 3D.  Eso sí, Truman es tonto del culo porque acaba el combate y para llamar la atención de Rambo utiliza una avanzada técnica militar norteamericana: llamarle por su nombre entre dos mil fulanos.

─¡Eh tú! ¡Eh Rambo tío! ¡Hazme caso hombre!

Pero su amigo no le escucha entre tanto jaleo (aunque para mi que sí, pero se hace el sueco). Además resulta que Rambo en Tailandia es como el Elvis en Las Vegas porqué en cuanto termina el combate le tapan con una manta como al “Rey”, lo meten en una canoa (que son las limusinas de allí)  y venga río arriba a currar en el templo.

Al llegar a este punto tenía la mandíbula desencajada y eso que no van ni diez minutos de metraje. Hay grandes momentos que vale la pena recordar. Al final Truman lo encuentra en el templo ese en el que trabaja y le vuelve a llamar:

─¡Eh tú!

Rambo le mira y le dice:

─¿Quién? ¿John?─ pregunta mientras se toca el pecho con el dedo.

Se abrazan y lo pasan pipa recordando viejos tiempos. Truman le ofrece una misión de alto standing, que solo Rambo podría cumplir con garantías, pero como este le dice que no que esa ya no es se guerra pues el viejales se envalentona y dice que aquí manda mi polla (versión militar de para chulo mi pirulo) y que dejadme a mi que ya lo hago yo.

Y claro…nada más poner el pie en la aduana de Afganistán lo trinca la Guardia Civil.

Así que Rambo (III) se cabrea y prepara el rescate.

Se infiltra con los talibanes, juega al deporte ese del caballo con la oveja, se hace colega de unos insurgentes y rescata al coronel al que si cada vez que sale en pantalla le cambias la música por la de “Agarralo como puedas” parece Leslie Nielsen, siempre con esa expresión de “Me he tirado un pedo, pero a ver si nadie lo huele”.

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Rambo III nos enseñó muchas cosas. Bueno, muchas no, pero una fijo. Nos acercó al mundo de los primeros auxilios. Vamos allá:

1) Si alguna vez tienes la mala suerte de que te clavan una flecha en un riñón y estás solo en una cueva en Kabul o alrededores, sobre todo no te pongas nervioso, no pasa nada hombre. Mantén la calma, respira por la nariz y echa el aire por la boca.

2) Ante la duda…cauteriza.

¡Claro! Te cauterizas la herida y tiras “palante”, no me seáis blandos. ¿Sin anestesia? Sí, sin anestesia…. que todo lo queréis. A ver si is creéis que estamos en la Ruber. Esto es Afganistán aquí solo hay piedra y muerte.

3) Postoperatorio

Una vez cauterizada la herida lo mejor para recuperarse (siempre según la película) es liarse a hostias hasta con el cocinero, saltar mucho, pelear a pecho descubierto, cargar con artillería pesada, ir de romería…

4) Efectos secundarios

Lo bueno de este tratamiento es que apenas tiene efectos secundarios. Nada de nada, sientes como un puntito leve en la quemadura de segundo grado que te has infligido, pero con llevarte la mano y torcer el labio como un fantasmiko ya sana.

Lo dicho chicos, una gran comedia a la altura de “Love Actually” pero en vez de besos hay leña.

De pequeño recuerdo que le pedí al maromo del videoclub si me podía regalar el póster troquelado de la película. Lució en mi habitación durante algunos años, cuando me despertaba por la noche y veía a John con esa expresión mirando al infinito me sentía seguro. Estoy casi seguro que de vez en cuando sus ojos dejaban de escrutar el vacío, me miraba y me decía: duerme macho. Y yo le hacía caso. Como para no.

“Dios tendría piedad, Rambo no”…y pariendo de esta base amigos…todo es posible.

Por la descripción o hablaba de Rambo o de Pepe el del Madrid.

¡Salud hermanos!